Maldición, vaya que estoy cansado, llevo casi 3 semanas en esto, los primeros días fueron terribles, los brazos y las piernas me dolían como el carajo, ya me acostumbre a eso. Pero bueno, creo que debería contar todo desde el principio, o por lo menos desde lo que paso después de la última anotación.
Pues tengo una zombie sin ojos en la cocina de la casa de atrás, no he querido entrar para revisar como esta, si se muere de hambre ahí, para mi mejor, aun que creo que eso no pasara, no se cuanto tiempo puedan estar sin comer pero se nota que no requieren de muchos recursos para seguir viviendo. No sé, tal vez sea que ya enloquecí pero creo que tendré que alimentar a la mujer por lo menos una vez a la semana para que siga de pie, decir viva seria un halago, pero creo que eso tendré que hacer, a fin de cuentas, encerrada entre cuatro paredes, sin vista y con alimentación al mínimo no debería ser muy peligrosa, por lo menos no tanto como los que aun rondan afuera. Así que dejare que siga existiendo, después tendré que estudiarlos mas afondo si quiero encontrar una manera efectiva de acabar con ellos. Por mientras, creo que encontré una manera bastante decente de matar zombies.
Bueno, pues a empezar a narrar: dos días después de lo que pasó me aventuré a salir al exterior, si quería encontrar algo que pudiera ayudarme era obvio que tenia que salir de ese pueblo desierto, en las casas no había nada de utilidad, había que ir más lejos. Al salir del pueblo me encontré con un dilema, no sabia si volver por el camino por donde llegué con Juan hace unos meses, o debía tomar otra ruta y perderme por ahí. Analicé pros y contras de cada camino, el primero tenia la ventaja de que ya conocía la ruta o por lo menos tenia noción de él, además llegaba a una cuidad donde seguramente podría encontrar un montón de cosas para defenderme, el problema era que al ser una cuidad tan grande, seguramente mas de una manada andaría rondando esperando el momento de chuparme los huesos; el segundo camino no tenia ni idea de a donde iría a dar, tal vez llegaría a algo peor de lo que ya había visto, o tal vez encontraría una ametralladora con suficientes balas como para acabar con esta pesadilla, eso era algo exagerado, pero tan sólo pensarlo me daba ánimos para seguir adelante. Terminé decidiéndome por el segundo camino, con la suficiente precaución y observación, podría darme cuenta si algo iba mal, así que me equipe con 3 molotov, un par de encendedores y una mochila, no era mucho equipo pero viajar ligero en ese momento era muy importante, había programado aproximadamente 2 horas de camino, ida y vuelta, eso me daría oportunidad de avanzar por lo menos un par de kilómetros a paso rápido, así que salí con mucho cuidado tratando de esconderme lo mas posible, observando todo, tratando de no pasar por las esquinas para evitar una sorpresa desagradable, iba a paso lento pero seguro, saliendo de la zona que yo conocía comencé a avanzar mas cautelosamente, además del miedo los zombies ahora también me ponían de nervios los lugares desconocidos, pase frente a varias casas, decidí no entrar a ninguna, eran demasiados problemas, perdería tiempo valioso a cambio de quizás no encontrar nada o hasta que una de esas cosas estuviera escondida por un rincón y me atacara, debía seguir explorando hasta encontrar un lugar donde hubiera algo útil, no tarde mucho en encontrar el lugar perfecto: una tlapalería, no muy grande pero estaba seguro de que encontraría algo interesante. De nuevo estaba en una encrucijada, podía entrar a la tlapalería y arriesgarme a encontrar cualquier cosa ya fuera herramientas y armas o un montón de muertos vivientes, por otro lado, podría seguir caminando y tal vez encontraría algo mas, me decidí por esto último, al fin que la tlapalería no se iba a mover de ahí. Caminé varios minutos mas buscando algo mas, no estaba seguro de que, pero cualquier cosa que pudiera utilizar era bienvenida, hasta que di en la entrada de una especie de mercado, todos los locales cerrados, o tenia ni idea de que se vendía ahí, la curiosidad me ganó y me metí a abrir uno de los puestos. Quien diría que Tultepec es un pueblo cohetero, el mercado estaba repleto de todo tipo de fuegos artificiales, eso significaba una cosa… pólvora, suficiente pólvora para volar a los malditos. Había encontrado una mina de oro, el problema ahora era trasportarlo.
Estaba en estos pensamientos cuando un tipo bajito y gordo se apareció frente a mi, los dientes podridos y de la nariz le chorreaba un liquido transparente bastante asqueroso, apenas me vio, se echo a correr sobre mi, pensé en arrojare una molotov, inmediatamente abandone ese pensamiento estúpido, una bomba de gasolina nos haría volar a él y a mi y a todo el mercado, corrí hacia el puesto que estaba atrás de mi y me posicione en la esquina contraria a donde estaba el otro, levante la puerta que cubría la mitad de arriba del local sujetada por un par de bisagras agarradas al techo, espere a que pasara por debajo y la dejé caer tan fuerte como pude, le cayó directo en la cabeza, subí de nuevo la puerta y la volví a azotar, lo hice otras 4 veces hasta que el tipo perdió fuerza y fue cayendo con la cabeza sangrando de varios puntos, quedo recargado de la parte baja del local de ladrillo, esperé un momento para tomar aire y asegurarme de que ya no se movía, lo tomé por el pelo y estrellé su cabeza contra el muro otras 3 veces para asegurarme de que estaba bien muerto, ahí quedó tirado en el piso, y yo seguí con mi plan. Necesitaba como llevar tanto como pudiera de alguna forma, en la mochila no iba a caber mucho, volví a la tlapalería, había olvidado que también ahí podía encontrar varias cosas. Entré con mucho cuidado no sin antes haber tirado desde afuera una lata que me encontré tirada, al ver que nadie salía pasé, me ´pase buscando media hora por todos lados, no había pistolas ni cuchillos, realmente había muy poco, pero por lo menos había una carretilla en muy buenas condiciones. Regresé al mercado y cargué tanto como pude hasta desbordar la carretilla, pesaba una tonelada pero era necesario hacer todo en el menor número de vueltas posibles, de nuevo en la tlapalería ya con una carga de cohetes, revisé de arriba abajo tomando cualquier cosa que pensara me podría servir mas adelante, y lo mismo hice los 4 días siguientes.
El problema era la pólvora, fue un esfuerzo de semanas sacarla de todos los cohetes, había que hacerlo con muchísimo cuidado para que no prendieran, al final, después de una montaña de basura, pude sacar más de cuatro botes llenos de pólvora y una buena cantidad de mecha para encenderla. Después de eso, regué todas las piezas metálicas que encontré en el primer negocio: tuercas, tornillos, rondanas, etc., eso y seis clavos enormes me hicieron sonreír… creo que tengo una imaginación muy sádica…