domingo, 3 de marzo de 2013

Diario del sobreviviente: Entrada 15


A veces el tratar de sobrevivir te puede convertir en un monstruo peor a  los que acechan allá afuera…
Juro que mi intención únicamente era el saber cómo es que entre ellos no se atacaban, si descubría eso, probablemente podría crear una manera de camuflajearme entre ellos, recordaba a la zombie de la que estoy enamorado, la que se comió a Juan, es preciosa, se ve casi igual a mí, a excepción de una pequeña marca en su tobillo derecho, un par de veces le he tirado cubetadas de agua para dejarla más o menos presentable. A ella no la atacan, un par de veces los he visto correr hacia ella pero no tengo ni una jodida idea del porque  cuando están cerca de ella se detienen, tampoco me olvidé del tipo ciego que me detecto al estar apenas a un metro frente a él. No tuve que pensar demasiado para llegar a una conclusión: son capaces de distinguir por el olor, en principio no lo entendía, para mi todos huelen a lo mismo, a mierda. Así que mi primera prueba fue cubrir un señuelo con mis desechos, algo por demás totalmente asqueroso, pero igual tuve que hacerlo. No tenía un maniquí a la mano ni nada que se le pareciera, así que me tuve que resignar a colgar a un poste una gabardina con un par de almohadas dentro y un sombrero, todo cubierto de lo que me había comido hacia un par de días, ese mismo día llegaron unos 10, caminando a paso lento y desesperante, tal y como siempre habían venido, llegaron al señuelo, y ni siquiera le hicieron caso, incluso pasaron a su lado sin mostrar interés alguno, al ver eso me llené de furia, y un par de molotovs sirvieron para desahogarme, estaba totalmente frustrado, sin saber ni un carajo de cómo funcionaban. Cuando por fin pude relajarme, me di cuenta de que la respuesta estaba en la cocina de la casa de atrás, donde guardo el generador. Una mujer de unos 20 años estaba atrapada, hace tiempo intento comerme y por suerte pude sobrevivir a eso, ella terminó sin ojos (yo le saqué uno), vagando por toda la pieza como un alma en pena, la mantuve viva dándole las sobras de mi comida y algunas cosas que me causaban suficiente asco o miedo como para comerlas. Aunque fue difícil al principio, poco a poco me fui dando ideas de cómo darle de comer, cosa que por cierto hacia cada que me acordaba, lo bueno de ellos es que tardan en morir de hambre.
Cierro mis ojos y vuelven esas imágenes, todo lo que hice… me siento fatal.
Por la tarde le llevaba pedazos de carne ya pasada que había encontrado en un refri apagado de una de las tiendas que pude saquear. Mientras la alimentaba no dejaba de pensar que ella podría ayudarme a saber exactamente como evitarlos, iba a tardar demasiado en acertar a una fórmula que la confundiera, si es que esta existía, así que la respuesta no podría venir de otro lado más que de ella misma. Me acerque con cautela, no tenía ojos pero eso no significaba que no fuera peligrosa, envolví mis brazos en sabanas y me puse unos calcetines gruesos en las manos, daba pasos silenciosos, ella estaba muy ocupada mordisqueando un enorme pedazo de jamón, no prestaba atención a nada, absolutamente a nada. Cuando estaba a unos 50 centímetros, su cuerpo se tensó, dejó de comer, se quedó completamente inmóvil, yo tampoco me moví, sólo esperaba que brincara sobre mí, no estaba equivocado, sólo lanzo una especie de quejido y se arrojó sobre mí, trate de detenerla pero se retorcía como animal salvaje, yo simplemente evitaba su boca, si me mordía el juego se acababa. El problema ahora era mantenerla quieta, trate de sentarla, de darle otro pedazo de jamón, todo era inútil, más se retorcía ella mayor era mi desesperación, necesitaba encontrar lo que había ido a buscar en ella. Luego… todo se salió de control.
No dejaba de sacudirse y de tratar de alcanzarme con su boca apestando a podrido, yo sujetaba sus brazos tan fuerte y tan bajo como me era posible, quizás siendo humana no era muy fuerte a pesar de lo gorda que estaba, pero como zombie tenía lo suficiente para ganarme, continuamos en el forcejeo, hasta que poco a poco una de las sabanas se resbaló de mi brazo izquierdo cayendo al piso, sus uñas gruesas se encajaron en mi piel dejando un rastro rojo tras de sí, simplemente no pude soportarlo, empuje hacia enfrente tanto como pude hasta hacerla caer hacia atrás, salí corriendo de la cocina, en el cuarto del generador tenía una pinzas mecánicas oxidadas, las tomé, corte en 2 la sabana que aún tenía en el brazo derecho y la enrollé a modo de cuerda, volví a la cocina, ella estaba de pie, sólo se balanceaba, camine muy despacio en círculo tratando de no alterarla en lo más mínimo, mis manos temblaban pero estaba totalmente decidido a hacerlo, me coloqué exactamente atrás de ella, una última respiración lenta, y corrí tan rápido como pude, ni siquiera tuvo tiempo de voltear, la derribe con el hombro, cayó de frente, antes de que volteara o se levantara, tome sus brazos y los amarre por detrás de su espalda, el nudo era tan fuerte que no importaba cuanto se moviera no podía zafarse de ahí, la voltee boca arriba, su cara tenia raspones, no pensaba lo que hacía, sólo lo hice. Saqué las pinzas de mi cinturón y las metí en su boca hedionda, las cerré hasta topar con algo duro, jalé tan fuerte como pude hasta que las pinzas salieron junto al sonido más asqueroso que hubiera escuchado, al ver las pinzas, entre la sangre se podía distinguir una pequeña figura entre amarillenta y verdosa, era su colmillo. Los minutos pasaban mientras yo veía mis manos volverse rojas poco a poco mientras arrancaba sus dientes unos a uno, aún recuerdo que los de adelante no habían salido completos, así que desprendí los fragmentos faltantes con todo y encías; ella se ahogaba con su propia sangre, así que constantemente tenía que poner su cabeza de lado para vaciarla. Fue hasta que terminé cuando me di cuenta la clase de monstruo en la que me había convertido. Me alejé del lugar y vomité tanto como mi estómago fue capaz de desechar, tardé casi 2 horas en volver para verla, ahí estaba, tranquila, como si nada hubiera pasado. Mientras yo, era un mar de lágrimas.
Voy a tratarla mejor, lo prometo. No sé como pero haré su vida más soportable, es lo menos que puedo hacer por ella, por ahora quiero irme a la cama, me siento muy enfermo de mí mismo.
Por cierto, la respuesta estaba en su sudor con orina, tengo un frasco de eso en casa…