La fecha de la computadora dice que esta semana terminó el
año, lo olvidé. No hubo navidad, ni año nuevo, ni las tediosas cenas
familiares. No hubo una tía impertinente que me preguntara cuando me iba a
casar, ni un tío ebrio que contara las historias de cuando era joven, hace sólo
un año nos felicitábamos. Abrazos, fiestas, risas…eso ya no existe, todo se fue
al carajo… A la mierda mis malditas depresiones, si sigo así no tardare en
morir, igual no es nada bueno vivir así.
Listo, la casa quedó mucho mejor, la familia que vivía aquí
tenia un árbol sintético guardado, un poco empolvado pero quedó bien en la
sala, ya adorné los cuartos con papeles que encontré y algunas prendas de
vestir que había aquí, no son la gran cosa pero el chiste es tener espíritu
festivo. Incluso prepare un pequeño postre con latas de duraznos en conserva y
unas cuantas de leche condensada, debo hacerme a la idea de que si no hago este
tipo de cosas para seguir sintiéndome humano, pronto le perderé el sentido a
vivir.
Pues, ya terminado de comer, es hora de que cuente lo que ha
pasado los últimos días, y es que, bueno si han pasado un par de cosas
últimamente, acabé con dos manadas más, creo que cada vez perfecciono aun mas
mi técnica, comenzaron a llegar un par de días después de que había terminado
de limpiar el desastre. Los cadáveres los junté en el patio de la casa de
enfrente, la sangre y los pedazos pequeños tuve que hacerlos montón y
recogerlos con la mano envuelta en una bolsa de plástico, vaya que fue
asqueroso, en especial recoger esos pedacitos de cráneo que aun tenían los
sesos pegados, y los pedazos de intestino que aun olían a mierda, el olor era
tan insoportable que tuve que lavar con agua y jabón la calle, todo para que no
pasara ni una semana cuando esos desgraciados se volvieran a aparecer por aquí,
de nuevo instalé los petardos y las molotov en su sitio, de nuevo los
explosivos se encargaron de destripar a todos, cuando fui con el bate a
terminar con ellos, me concentre en los que podía notar menor daño, el resto
pronto moriría de la hemorragia. Los huesos crujiendo, la sangre salpicando,
los intestinos en el suelo, ya nada de eso me provocaba asco alguno, lo único
que quería era matarlos a todos lo mas rápido posible; podría jurar que incluso
tenia cierta satisfacción al exterminarlos, de alguna manera, con cada golpe
sentía como acaba con todo aquellos que había acabado con mi vida. Apenas había
terminado con la primera horda, cuando una segunda apareció de pronto, creo que
atraída por las explosiones. Estaba en un buen lio, solo me quedaba un petardo
y 2 molotovs, todo adentro de la casa, ya estaba muy cansado, sentía como las
piernas se me doblaban, esa no era excusa, a ellos no les importaba si estaba
cansado, con sueño o con hambre, de ninguna manera serian capaces de perdonarme
nada, yo tampoco tenia por que perdonarme nada. Los heridos seguían en el piso,
algunos de ellos ya no se movían, apenas tuve tiempo de entrar la casa, cuando los primeros golpes azotaron
en el portón, eran al menos 20, todos feos y hambrientos, ya no había tiempo
para preparar nada, el portón era fuerte, pero no iba a resistir mucho, fue
cuando se me ocurrió una idea.
Subí al techo con el petardo, las molotovs y 2 cubetas con
gasolina, comencé a gritar para llamar su atención, los tenia a todos frente a mí,
si esto no funcionaba, tendría que enfrentarme a ellos cargado sólo con el bate
y el martillo. Amarré con un trozo de cinta las molotovs al petardo y les tiré
2 cubetadas de gasolina, algunos incluso se atragantaban, pero no quitaban su
vista de mí. Prendí una de las bombas y la dejé caer sobre ellos, ni siquiera
pude esperar a mirar como se incendiaban, cuando el petardo explotó, al igual
que todos los que lo habían hecho, piezas de metal se elevaron para luego
regresar a tierra, alcancé a cubrirme con una puerta de aluminio que había
dejado días antes, cada golpe dejaba una abolladura en mi escudo y de seguro
una marca dolorosa en los cuerpos apestosos de los que estaban allá afuera,
esta vez el humo era demasiado denso y no me dejaba ver nada abajo, tampoco
pensé en salir, si mi plan había fallado estar con ellos seria la peor idea que
se me podía ocurrir, esperé varios minutos hasta que el humo poco a poco se fue
disipando, aun había unos cuantos de pie frente a mi, todos en llamas, poco a
poco fueron cayendo hasta no quedar ninguno de pie, aunque un par de ellos
todavía vivos, decidí no acabarlos, al final se estaban desangrando y no
tardarían en dejar de moverse. Había tenido suerte de que eran pocos, de haber
sido una manada como la de la primera vez, de ninguna forma hubiera podido con
ellos, eso me enseña que debo ser mas cuidadoso y tener mas armas a mi disposición.
Además, noté algo, los de la primera horda terminaron
quemados o heridos hasta desangrarse, bueno mas los que acabé con el bate, el
caso es que cuando llegó la segunda horda, algunos de ellos se comieron la
carne quemada, no tengo una jodida idea de por que lo hicieron, hasta donde yo
se, les vale si su comida esta cocida o no. No me imagino un zombie pidiendo su
filete a medio cocer, pero entonces ¿Por qué carajo se comieron la carne de los
que había muerto? Se supone que no se comen entre ellos pero al parecer, no
siempre es así, espero encontrar la respuesta en la mujer sin ojos que sigue
encerrada en la casa de atrás, si hay una respuesta… es probable que la
encuentre en ella.