miércoles, 23 de enero de 2013

Diario del sobreviviente: Entrada 14


La fecha de la computadora dice que esta semana terminó el año, lo olvidé. No hubo navidad, ni año nuevo, ni las tediosas cenas familiares. No hubo una tía impertinente que me preguntara cuando me iba a casar, ni un tío ebrio que contara las historias de cuando era joven, hace sólo un año nos felicitábamos. Abrazos, fiestas, risas…eso ya no existe, todo se fue al carajo… A la mierda mis malditas depresiones, si sigo así no tardare en morir, igual no es nada bueno vivir así.
Listo, la casa quedó mucho mejor, la familia que vivía aquí tenia un árbol sintético guardado, un poco empolvado pero quedó bien en la sala, ya adorné los cuartos con papeles que encontré y algunas prendas de vestir que había aquí, no son la gran cosa pero el chiste es tener espíritu festivo. Incluso prepare un pequeño postre con latas de duraznos en conserva y unas cuantas de leche condensada, debo hacerme a la idea de que si no hago este tipo de cosas para seguir sintiéndome humano, pronto le perderé el sentido a vivir.
Pues, ya terminado de comer, es hora de que cuente lo que ha pasado los últimos días, y es que, bueno si han pasado un par de cosas últimamente, acabé con dos manadas más, creo que cada vez perfecciono aun mas mi técnica, comenzaron a llegar un par de días después de que había terminado de limpiar el desastre. Los cadáveres los junté en el patio de la casa de enfrente, la sangre y los pedazos pequeños tuve que hacerlos montón y recogerlos con la mano envuelta en una bolsa de plástico, vaya que fue asqueroso, en especial recoger esos pedacitos de cráneo que aun tenían los sesos pegados, y los pedazos de intestino que aun olían a mierda, el olor era tan insoportable que tuve que lavar con agua y jabón la calle, todo para que no pasara ni una semana cuando esos desgraciados se volvieran a aparecer por aquí, de nuevo instalé los petardos y las molotov en su sitio, de nuevo los explosivos se encargaron de destripar a todos, cuando fui con el bate a terminar con ellos, me concentre en los que podía notar menor daño, el resto pronto moriría de la hemorragia. Los huesos crujiendo, la sangre salpicando, los intestinos en el suelo, ya nada de eso me provocaba asco alguno, lo único que quería era matarlos a todos lo mas rápido posible; podría jurar que incluso tenia cierta satisfacción al exterminarlos, de alguna manera, con cada golpe sentía como acaba con todo aquellos que había acabado con mi vida. Apenas había terminado con la primera horda, cuando una segunda apareció de pronto, creo que atraída por las explosiones. Estaba en un buen lio, solo me quedaba un petardo y 2 molotovs, todo adentro de la casa, ya estaba muy cansado, sentía como las piernas se me doblaban, esa no era excusa, a ellos no les importaba si estaba cansado, con sueño o con hambre, de ninguna manera serian capaces de perdonarme nada, yo tampoco tenia por que perdonarme nada. Los heridos seguían en el piso, algunos de ellos ya no se movían, apenas tuve tiempo de entrar  la casa, cuando los primeros golpes azotaron en el portón, eran al menos 20, todos feos y hambrientos, ya no había tiempo para preparar nada, el portón era fuerte, pero no iba a resistir mucho, fue cuando se me ocurrió una idea.
Subí al techo con el petardo, las molotovs y 2 cubetas con gasolina, comencé a gritar para llamar su atención, los tenia a todos frente a mí, si esto no funcionaba, tendría que enfrentarme a ellos cargado sólo con el bate y el martillo. Amarré con un trozo de cinta las molotovs al petardo y les tiré 2 cubetadas de gasolina, algunos incluso se atragantaban, pero no quitaban su vista de mí. Prendí una de las bombas y la dejé caer sobre ellos, ni siquiera pude esperar a mirar como se incendiaban, cuando el petardo explotó, al igual que todos los que lo habían hecho, piezas de metal se elevaron para luego regresar a tierra, alcancé a cubrirme con una puerta de aluminio que había dejado días antes, cada golpe dejaba una abolladura en mi escudo y de seguro una marca dolorosa en los cuerpos apestosos de los que estaban allá afuera, esta vez el humo era demasiado denso y no me dejaba ver nada abajo, tampoco pensé en salir, si mi plan había fallado estar con ellos seria la peor idea que se me podía ocurrir, esperé varios minutos hasta que el humo poco a poco se fue disipando, aun había unos cuantos de pie frente a mi, todos en llamas, poco a poco fueron cayendo hasta no quedar ninguno de pie, aunque un par de ellos todavía vivos, decidí no acabarlos, al final se estaban desangrando y no tardarían en dejar de moverse. Había tenido suerte de que eran pocos, de haber sido una manada como la de la primera vez, de ninguna forma hubiera podido con ellos, eso me enseña que debo ser mas cuidadoso y tener mas armas a mi disposición.
Además, noté algo, los de la primera horda terminaron quemados o heridos hasta desangrarse, bueno mas los que acabé con el bate, el caso es que cuando llegó la segunda horda, algunos de ellos se comieron la carne quemada, no tengo una jodida idea de por que lo hicieron, hasta donde yo se, les vale si su comida esta cocida o no. No me imagino un zombie pidiendo su filete a medio cocer, pero entonces ¿Por qué carajo se comieron la carne de los que había muerto? Se supone que no se comen entre ellos pero al parecer, no siempre es así, espero encontrar la respuesta en la mujer sin ojos que sigue encerrada en la casa de atrás, si hay una respuesta… es probable que la encuentre en ella.