viernes, 20 de julio de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 5

No recuerdo como fue que bajé, no recuerdo cuanto tiempo hice, no recuerdo muchas cosas de ese momento, lo único que puedo recordar claramente es la desesperación que sentía de no poder llegar mas rápido abajo, cuando por fin pude salir a la calle, voltee hacia todos lados buscando a mi hermano, tres de esas cosas ya estaban devorando su cuerpo, no sabia que hacer, no sabia si aun seguía vivo, no sabia como llegar al él, la sangre me hervía en impotencia y rabia contra lo que veía, lo abrieron, lo abrieron como a un maldito pollo, fue cuando uno de ellos me vio, de nuevo empezó la carrera, pude librarme de ellos, no es porque pudiera correr muy rápido o tuviera muy buena condición física, sólo fue una niña de unos 7 años con peor suerte que yo, se cruzó en su camino y ellos no tuvieron piedad alguna. Yo estaba de nuevo en la calle, en el infierno, veía correr gente en todas direcciones, varios de ellos hacia mi, era imposible reconocer a los que aun no habían sido infectados, todos eran iguales, por lo menos para mi, tenia que escapar de ahí, tenia que dejar mi vida entera. Mi vida ya no volvería y mientras más rápido me acostumbrara a la idea tendría más oportunidades de sobrevivir. Corrí tan rápido como pude sin saber a donde ir, encontré una moto tirada en el piso, me subí en ella y arranqué, un tipo me gritaba sin que yo le hiciera mucho caso, al recordar su casco a veces me pregunto si seria el dueño de la moto, supongo que cuando lo vuelva a ver tendré que devolvérsela o por lo menos pagársela, creo que ya no importa mucho, ya debo demasiado a personas que creo que nunca volveré a ver, a mi padre, a mi hermano, a mi madre, a mi novia… tan solo habían pasado 4 días desde la ultima vez que nos habíamos visto, discutimos, recuerdo perfectamente sus palabras: "no quiero volver a verte", al parecer su deseo se había cumplido, me fui dejando todo atrás tan rápido que incluso me olvidé de ella, yo estaba solo, con una motocicleta robada, medio tanque de gasolina y sin un lugar a donde ir…

viernes, 13 de julio de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 4

Han pasado mas de 3 semanas desde la última anotación, una manada de unos 30 llegó a los pocos días que dejé de escribir, el generador termino por quedarse sin combustible, no fui a recargarlo sin no hasta esta mañana, 3 días después de que me aseguré de que por fin se habían ido, los suministros están a la mitad mas o menos, me acabé las botanas y el pepto-bismol, los dos el mismo día, los desgraciados tardan en irse y dejan un desastre siempre, no es que antes fuera muy ordenado, pero ¿Por qué voy a limpiar lo que ellos hacen? Lo peor es el olor. No se, pero estoy seguro de no haber visto nunca una película de zombies donde los malditos defecaran como lo hacen estos, no conozco a ninguno de ellos que no tenga las piernas cubiertas de la mierda que se les escurre por entre la ropa, creo que esa es otra razón para no salir, creo que de todos modos tendré que limpiar un poco y creo que mientras lo hago, puedo seguir narrando lo que pasó en el principio:

Mi hermano y yo ya estábamos en la calle corriendo cuadra tras cuadra para tratar de llegar a la oficina de mamá, esperábamos que ella tuviera una solución a todo esto, que ridículo ahora que lo pienso. Cuando llegamos, todo estaba igual que en cualquier lado, gente comiendo gente, trataron mas de una vez de hacernos sus bocadillos, de alguna forma pudimos escapar hasta llegar por las escaleras al cuarto piso, donde estaba el cubículo de mamá, todo era un desastre, incluso dos o tres ventanas estaban completamente rotas dejando pasar un viento helado, nueve quizás diez personas estaban ahí, ninguno de ellos eran como nosotros y ninguno de ellos era mi madre, no sé que sería de ella, seguramente estaba muerta como toda nuestra vida, no sabíamos eso , así que tratamos de pasar entre la gente para encontrar a mamá. Nunca vi al anciano que estaba a un lado mio, no pude esquivar su ataque, por poco me muerde, de no ser por un lápiz que mi mano encontró por casualidad, lo enterré tan fuerte como pude en su ojo, lo que me dio una oportunidad de librarme de él y salir corriendo, fue entonces cuando trataba de localizar a mi hermano con la vista, solo para ver como dos de ellos comenzaban a rasguñarlo y morderlo, corrí tan rápido como pude, juro que lo trate con todas mis fuerzas, pero fue inútil, cuando traté de jalarlo, el me miró de una manera que nunca voy a olvidar, aunque ni siquiera puedo describirla, con la fuerza que aun tenia empujó al que tenia enfrente hacia la ventana rota, fue una caída directa de cuatro pisos sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Bajé tan rápido como pude, no me importó el resto de los que estaban ahí, ahora que lo recuerdo, no me importó la señora que tenia atrapado un pie bajo un escritorio derribado, cuando un tipo de traje la vio, se dio uno de los mejores banquetes, las gordas siempre mueren primero, esa es la ley de la vida…

viernes, 6 de julio de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 3

Han sido días tranquilos, no hay nuevas manadas, las alacenas están llenas de suministros, no he tenido que ir a ver el generador, dudo que necesite combustible, hace poco llene los tanques, no me arriesgare a ir muy lejos, no por ahora. Por lo menos tengo más tiempo para recordar.

Nadie podía controlarlos, o por lo menos eso fue lo que vi, por lo menos eso fue lo que oí. Desde la ventana de mi edificio podía ver el caos que en el que se había vuelto el mundo, con mi padre y mi tío muertos en el piso lo único que pude hacer fue ir por mi hermano a su cuarto, dio un salto cuando abrí la puerta gritando apenas y tuvo tiempo de vestirse mientras yo trataba de juntar lo indispensable en una mochila, comida, agua, una lámpara y unas pinzas de esas que tienen varias herramientas en el mango. Tenia el celular en bolsillo izquierdo de mi pantalón y el tiempo se me acababa. Mi hermano se había puesto apenas los tenis cuando entré por él. Al momento en el pasamos frente al comedor, se detuvo atónito, no podía creer que el repulsivo caldo de sangre, intestinos (y carne apenas pegada a los huesos), estuviera ahí, que fuera su papá, su tío con una masa amorfa en vez de cabeza, creo que yo me hubiera quedado igual, en fin, tomé su hombro y lo jalé fuertemente hacia la salida, revisé el pasillo esperando el momento en el que pudiéramos salir con seguridad, ese momento nunca llegaría. Aun recuerdo que le eché una última mirada a la calle a través de la ventana, una parvada gigante cubría una parte del cielo, parecían ser pichones.

Salimos corriendo a toda velocidad entre cientos de personas que, al igual que nosotros, huían de la muerte que había tomado la forma de sus familiares, amigos, conocidos. Aun recuerdo el rostro de esa mujer, que con la boca llena de sangre me tiró contra la banqueta, su aliento nauseabundo llenaba mi rostro, mientras sus dientes se acercaban a mi cara solo detenidos por mi mano en su frente, pudo haberme mordido, pero mi hermano la tomó por los cabellos y la separó de mi el tiempo suficiente para que los dos pudiéramos ponernos en marcha de nuevo, no sabíamos que hacer, así que pensamos en alcanzar a mi madre en su trabajo. Ese fue nuestro peor error…