Batería…75%
A la última entrada le faltaron puntos suspensivos. Ya se
los puse.
Batería…69%
Nunca digas que las cosas no pueden empeorar… si pueden, en
serio que pueden.
Batería…55%
Trato, de verdad trato, pero simplemente no puedo
asimilarlo, es como un sueño, como una pesadilla, trato de pensar que no es
real, pero es real. Es real.
Batería…50%
Intentaré recordad todo así en el orden en que pasó, no
estoy seguro de que pueda.
Era de madrugada, escribía, sí, eso sí lo recuerdo, escribía.
No sé ni siquiera como fue, oí un ruido, es normal escuchar
ruidos en la noche, eso no ha cambiado, pero este era un ruido diferente no sé cómo
o en qué, pero era diferente. Me puse la ropa que traía desde hace una semana,
incluso tenía un encendedor que no me había sacado de la bolsa desde que me
puse el pantalón la primera vez, más una chamarra de mezclilla que más o menos
me cubría del frio. Salí del cuarto y me dirigí a la ventana que daba al portón
principal, miré a la puerta, mas por instinto que por curiosidad. Abierta… la
puerta estaba abierta.
Sentí las bolas palpitándome en la garganta, la parte de mi
cerebro que se encarga de mover a mi cuerpo se había desconectado mientras un montón
de ideas y preguntas revoloteaban en mi cabeza sin que pudiera concentrarme
en alguna, era como si hubiera metido la
cabeza en una nube densa de humo, que no me dejaba ver, ni oír, ni pensar.
¿Cómo había sido posible? ¿Por qué estaba abierta? ¿Me había olvidado de
cerrarla? O… ¿Ellos habían abierto? ¿Estaban dentro? Tenía que hacer algo, lo
que fuera pero rápido, cerrar la puerta, si eso tenía que hacer, no había visto
a ninguno de ellos en varios días, y no tenía por qué ser diferente. Así que
sólo cerraba la puerta y listo, todo sería solamente un susto y la lección de
no ser tan descuidado la próxima vez. Ya estaba preparado a correr, abrí la
puerta y puse un pie fuera de la casa, fue en ese momento en el que la sensación
de la garganta volvió, acompañado de un rayo que me atravesaba la columna
vertebral por la mitad: Uno de ellos ya estaba cruzando el patio.
Cerré la casa poniendo seguro a la puerta, traté de tranquilizarme y convencerme de que sólo
era uno, corrí tan rápido como pude, tomé el bate y volví a la puerta. El bate
cayó de mis dedos temblorosos, me había desconectado de la realidad.
Más bien la realidad se desconectó de mí, era como si
estuviera fuera de mi cuerpo, como viendo una película, ajeno al terror y al
sufrimiento. Me veía a mí mismo, mi rostro lleno de horror, veía al zombie,
buscando comida, y luego otro, y luego otro y así... hasta juntar veinte.
No fueron más que segundos, aunque me hayan parecido años. Reaccioné,
si me tocaba morir, por lo menos no se las iba a dejar tan fácil, fui a mi
cuarto y levanté el pequeño frasco con orina y sudor de la visita de la casa de
atrás, un sonido de vidrios rompiéndose, me dio la ida de que tan cerca ya se
encontraban, sin pensarlo, abrí el frasco y vacié su contenido sobre mí, el líquido
ya un tanto espeso fue bajando por mi cuerpo, mientras un olor ácido y
asqueroso me llenaba la nariz, impidiéndome respirar, un golpe seco en la
puerta del cuarto me heló la sangre, el momento había llegado, era hora de saber
si funcionaba, hora de saber si era el fin.
La puerta siguió estremeciéndose, cada golpe era más duro y
seco que el anterior, de alguna forma ellos sabían que yo estaba ahí, y de
alguna forma yo sabía que no iban a buscar en otro lado más que ahí. Por un
momento temí que mi olor hubiera delatado mi presencia, que el caldo que me había
vertido encima no sirviera de nada, aunque lo hubiera probado con la misma
persona de quien lo saqué, si tanta asquerosidad, dolor y esfuerzo habían sido
en vano, entonces me merecía morir, y ellos se encargarían de darme mi
merecido.
Los golpes seguían sacudiendo la puerta de madera, resistía
bien, mas no podía decir lo mismo de las bisagras que la sostenían, poco a poco
y con cada golpe se iban aflojando, hasta que llegó el punto en el que no
soportaron más. La puerta cayó pesada y dura contra el piso acompañada de un
sonido grave y hueco, un alarido ahogado lleno el cuarto, yo, de espaldas a
ellos, apreté los ojos y los dientes tan duro como me era posible intentando no
llorar, tenía miedo, tenía miedo a la muerte, escuchaba y sentía los paso detrás
de mí, mi cuerpo trataba a toda costa de salir corriendo despavorido mientras
mi mente hacia un esfuerzo sobrehumano por mantenerse por lo menos un poco
estable para poder pensar en la forma de salir de ahí, si es que había una
forma, di un paso lateral muy lento, apenas rozando el suelo, el que iba hasta
enfrente volvió a gritar, y se lanzó contra mí. O eso pensé, en realidad se aventó
contra el ropero, rasgando y mordiendo todo lo que tenía a su alcance, poco a
poco los que tenía atrás fueron haciendo lo mismo, destrozándolo todo. Hasta ahora
lo entiendo, nunca lavaba mi ropa, el agua era un recurso escaso que no podía darme
el lujo de desperdiciar, por lo tanto mi ropa tenía toda la peste a mí, creo
que por primera vez estoy tan agradecido de ser tan sucio, la trampa había funcionado.
Ninguno me notaba siquiera, era como si desde siempre yo
hubiera sido uno de ellos, tenía una ventana de un par de minutos para largarme
de ahí. Caminé tan lento como me era posible, tratando de imitar sus
movimientos, era cierto que por lo menos por el aroma no me detectaban, pero no
quería correr más riesgos de los que ya tenía encima. Los minutos parecían horas
mientras yo me esforzaba por llegar a la puerta de salida, por muy raro que se
oiga, a pesar de que estaba hasta el cuello de problemas, todo parecía estar
bien. Puse mi mano sobre la manija de la
puerta y la giré muy lentamente, un pequeño chasquido y la puerta estaba
abierta, aun no amanecía, pero la noche ya proyectaba las siluetas de por lo
menos diez de ellos dentro del patio, esquivarlos no sería fácil pero tampoco
imposible.
Ni siquiera di el primer paso cuando me detuve en seco: la
computadora seguía en mi cuarto. Debí dejarla, sé que debí dejarla, pero no
pude, de alguna forma me quede tan pegado a ella como si fuera la única persona
que me hubiera escuchado durante tanto tiempo. No podía dejarla ahí, no con
ellos. Regresé sobre mis pasos, de nuevo con una lentitud pasmosa que sólo servía
para darle mayor suspenso al asunto. De la sala tomé una mochila vieja, pero en
muy buen estado, la había encontrado dentro del auto que tenía estacionado en
la calle de atrás. El ver la mochila hizo que una ola de sentimientos me
atacaran: alivio, esperanza y un poco de ganas de gritarme lo estúpido que era
por no haberlo pensado antes, el auto funcionaba bien, si llegaba a él podría
largarme sin mayor problema, sólo había que llegar al auto. Seguí caminando con
los brazos colgándome a los lados, tal como ellos lo hacían, entré a mi cuarto
y hasta me di el lujo de empujar con el hombro a uno de ellos, poco a poco
tenia más seguridad, de alguna forma la situación iba adquiriendo poco a poco
ventajas que la hacían más favorable, llegué al escritorio y muy lento comencé
a mover la computadora hasta que pareciera que la tiraba dentro de la mochila vacía,
la cerré y me la puse, ahora si podía irme de ese lugar al que por tantos meses
llamé mi hogar, no había tiempo de nostalgia, tenía que salir de ahí. De nuevo
caminé a la puerta principal, pensé en salir por el portón y darle vuelta a la
calle para tomar mi auto, usar la escalera de la barda era un riesgo
innecesario. Atravesé el pasillo para llegar a la sala, ya casi terminaba y
entonces… quedé frente a él.
Era un hombre, no más grande que yo, incluso teníamos rasgos
similares. Estaba parado en medio de la sala, no se movía, ni un musculo, como esperándome,
sobre su ropa negra apenas y se podían distinguir
unas cuantas manchas de sangre seca, sus labios partidos dibujaban una mueca
muy rara sobre su cara, era como si quisiera contener una bestia que estaba a
punto de salir por su boca; sus dientes, amarillos y parejos, daban la impresión
de estar afilados, su figura completa me atemorizaba, aun así lo que más me
daba miedo era la expresión en su rostro, era como si el odio hubiera tomado
forma humana y el destino lo hubiera puesto frente a mí. Él, completamente
quieto, y yo, comenzaba a temblar de miedo.
Los minutos pasaban y los dos nos encontrábamos parados el
uno frente al otro, era como si el tiempo se hubiera detenido y estuviera
decidido a no seguir más. Me tenía que ir de ahí, ya no podía esperar más.
Apenas levante el pie para dar el primer paso, cuando me di
cuenta de todo. Era como si un rayo de lucidez me hubiera pegado de lleno en la
cara: este no había caído en la trampa. Salté hacia atrás tan fuerte como me
fue posible, el viento me tocó el rostro mientras escuchaba el pequeño silbido
que hacían sus dedos al cortar el aire, había esquivado un arañazo que me iba a
hacer tiras la cabeza entera. Corrí tan rápido como pude tratando de llegar a
mi cuarto, no sabía exactamente que iba a lograr con eso pero en ese momento no
podía pensar en nada más que en alejarme de él, ni siquiera había avanzado tres
pasos cuando un empujón me aventó hacia enfrente, era mucho más rápido que los
otros, antes de caer, pude detenerme en el borde del marco de mi puerta, usando
mis brazos como resorte me impulsé con todas mis fuerzas tratando de seguir corriendo
y pasar por un lado de él, la suerte me dejaba de sonreír, traté de esquivarlo,
sentí como sus dedos se encajaban en mis costillas, quizás de no ser por la
chamarra de mezclilla dura me habría atravesado la piel, aun así sentí como mis
pies se despegaban del suelo por un momento y yo salía volando, hasta caer de
nuevo en la sala, sentí como todo mi peso se recargaba sobre mi hombro doblándolo
dolorosamente, mientras trataba de girar sobre mí mismo para reducir el
impacto, la adrenalina que circulaba por mi sangre me hizo olvidarme rápido del
dolor y pensar rápido en la forma de huir de ahí, me levanté como pude y corrí
hacia la cocina, si eso no funcionaba, no habría forma de parar mi muerte.
Abrí la puerta de la cocina sin cerrarla y abrí la ventana
que tenía a un lado, apenas y tuve tiempo para eso, cuando entró, de inmediato
volteó hacia la ventana, se distrajo sólo un segundo, esa era mi oportunidad,
arremetí tan fuerte como pude contra él, de pronto había sacado fuerzas de no
sé dónde, el empujón había sido tal que antes de caer se había estrellado
contra un pequeño refri descompuesto, haciendo que se balanceara, con lo poco
que aun tenia de energía logré jalarlo y hacerlo caer sobre sus piernas. Al
parecer me había funcionado, había comprado un par de segundos vitales. Salté por
la ventana y llegué a la escalera que tenía recargada en la barda, subí tan rápido
como mis piernas y brazos aun me lo permitían hasta llegar a la parte de
arriba, apenas había puesto un pie sobre la barda, cuando el sonido de un
estallido de vidrios llegó hasta mí, no me atreví a voltear hacia atrás,
solamente había una forma de hacer las cosas, sin pensarlo salté desde la barda
hacia el piso, eran más de dos metros de altura, aunque caí de pie, sentí como los huesos se me estremecían completamente
mientras el dolor en los talones se hacía insoportable. A duras penas pude
llegar a la entrada de la casa de atrás, lo había logrado, el auto estaba a un
par de metros.
Un sólo vistazo hacia atrás me hizo llenarme de terror: él
estaba ahí, en el mismo patio que yo, a menos de un metro de la barda, a unos
cuantos metros de mí, de nuevo, inmóvil, esperando el momento para acabar con
todo. Era el fin, todo estaba perdido, al parecer era mi hora de morir, pensé
en mi familia, ya era hora de reunirme con ellos, sé que suena totalmente loco,
pero creo que ellos desde arriba me ayudaron. Estaba resignado a morir ahí mismo,
lleno de cansancio agache la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a brotar
de mis ojos impidiéndome ver bien, aún así, atravez de ellas pude verla: era un
coctel molotov. El tiempo se detuvo un instante y mi cerebro comenzó a trabajar
tan rápido como nunca lo había hecho. Sólo una molotov, no había más, el
encendedor estaba en mi bolsillo, no se podía arrojar directamente, aunque se
prendiera en llamas tardaría minutos en morir y sólo necesitaba segundos para
alcanzarme, tenía una opción más, realmente esperaba que funcionara. Todo volvió
a su curso normal, él seguía mirándome sin moverse, tenía que distraerlo para
poder sacar el encendedor de mi bolsa. Levanté mi cara hacia él con una expresión
de furia tratando de que no mirara a mi mano, y fue al mirarlo cuando me quedé
petrificado. Sonreía… el maldito bastardo sonreía.
Tener el encendedor en la mano me hizo reaccionar, lo
segundos eran justos y no podía tener el mas mínimo error, respiré lento por última
vez, y tomé la bomba para salir corriendo, la encendí inmediatamente sin dejar
de correr, a cada paso sentía como retumbaba el piso con las zancadas que daba
mi perseguidor. Levanté la bomba por encima de mi cabeza y bajé el brazo tan rápido
como pude, estrellando la molotov muy cerca de mí, justamente en la entrada, el
fuego lo distrajo unos cuantos segundos más, dándome oportunidad de subir al
carro y acelerar sin voltear un segundo. Aceleré dejándolo todo atrás, mi casa,
mi cuarto, mi comida enlatada, mi bate, mis petardos, mi mascota sin dientes ni
ojos, a la flaca de pelo oscuro, todo se quedó atrás.
Batería…5%
Ahora no sé qué voy a hacer, en mi intento por escapar me
moví mucho hacia lugares que nunca había visto, el auto es útil, pero llama
mucho la atención, no tengo a donde ir más que encontrar un poco de comida y
volver a los cerros, al parecer es el único lugar más o menos seguro para tomar
un descanso, no sé si sobreviva ahí, y no creo que la computadora sobreviva ahí,
el mundo se acabó y yo junto con él.
Ahora, estoy sólo…muerto y sólo...
