viernes, 17 de mayo de 2013

Diario del sobreviviente: Entrada 19


Batería…75%
A la última entrada le faltaron puntos suspensivos. Ya se los puse.
Batería…69%
Nunca digas que las cosas no pueden empeorar… si pueden, en serio que pueden.
Batería…55%
Trato, de verdad trato, pero simplemente no puedo asimilarlo, es como un sueño, como una pesadilla, trato de pensar que no es real, pero es real. Es real.
Batería…50%
Intentaré recordad todo así en el orden en que pasó, no estoy seguro de que pueda.
Era de madrugada, escribía, sí, eso sí lo recuerdo, escribía.
No sé ni siquiera como fue, oí un ruido, es normal escuchar ruidos en la noche, eso no ha cambiado, pero este era un ruido diferente no sé cómo o en qué, pero era diferente. Me puse la ropa que traía desde hace una semana, incluso tenía un encendedor que no me había sacado de la bolsa desde que me puse el pantalón la primera vez, más una chamarra de mezclilla que más o menos me cubría del frio. Salí del cuarto y me dirigí a la ventana que daba al portón principal, miré a la puerta, mas por instinto que por curiosidad. Abierta… la puerta estaba abierta.
Sentí las bolas palpitándome en la garganta, la parte de mi cerebro que se encarga de mover a mi cuerpo se había desconectado mientras un montón de ideas y preguntas revoloteaban en mi cabeza sin que pudiera concentrarme en  alguna, era como si hubiera metido la cabeza en una nube densa de humo, que no me dejaba ver, ni oír, ni pensar. ¿Cómo había sido posible? ¿Por qué estaba abierta? ¿Me había olvidado de cerrarla? O… ¿Ellos habían abierto? ¿Estaban dentro? Tenía que hacer algo, lo que fuera pero rápido, cerrar la puerta, si eso tenía que hacer, no había visto a ninguno de ellos en varios días, y no tenía por qué ser diferente. Así que sólo cerraba la puerta y listo, todo sería solamente un susto y la lección de no ser tan descuidado la próxima vez. Ya estaba preparado a correr, abrí la puerta y puse un pie fuera de la casa, fue en ese momento en el que la sensación de la garganta volvió, acompañado de un rayo que me atravesaba la columna vertebral por la mitad: Uno de ellos ya estaba cruzando el patio.
Cerré la casa poniendo seguro a la puerta, traté  de tranquilizarme y convencerme de que sólo era uno, corrí tan rápido como pude, tomé el bate y volví a la puerta. El bate cayó de mis dedos temblorosos, me había desconectado de la realidad.
Más bien la realidad se desconectó de mí, era como si estuviera fuera de mi cuerpo, como viendo una película, ajeno al terror y al sufrimiento. Me veía a mí mismo, mi rostro lleno de horror, veía al zombie, buscando comida, y luego otro, y luego otro y así... hasta juntar veinte.
No fueron más que segundos, aunque me hayan parecido años. Reaccioné, si me tocaba morir, por lo menos no se las iba a dejar tan fácil, fui a mi cuarto y levanté el pequeño frasco con orina y sudor de la visita de la casa de atrás, un sonido de vidrios rompiéndose, me dio la ida de que tan cerca ya se encontraban, sin pensarlo, abrí el frasco y vacié su contenido sobre mí, el líquido ya un tanto espeso fue bajando por mi cuerpo, mientras un olor ácido y asqueroso me llenaba la nariz, impidiéndome respirar, un golpe seco en la puerta del cuarto me heló la sangre, el momento había llegado, era hora de saber si funcionaba, hora de saber si era el fin.
La puerta siguió estremeciéndose, cada golpe era más duro y seco que el anterior, de alguna forma ellos sabían que yo estaba ahí, y de alguna forma yo sabía que no iban a buscar en otro lado más que ahí. Por un momento temí que mi olor hubiera delatado mi presencia, que el caldo que me había vertido encima no sirviera de nada, aunque lo hubiera probado con la misma persona de quien lo saqué, si tanta asquerosidad, dolor y esfuerzo habían sido en vano, entonces me merecía morir, y ellos se encargarían de darme mi merecido.
Los golpes seguían sacudiendo la puerta de madera, resistía bien, mas no podía decir lo mismo de las bisagras que la sostenían, poco a poco y con cada golpe se iban aflojando, hasta que llegó el punto en el que no soportaron más. La puerta cayó pesada y dura contra el piso acompañada de un sonido grave y hueco, un alarido ahogado lleno el cuarto, yo, de espaldas a ellos, apreté los ojos y los dientes tan duro como me era posible intentando no llorar, tenía miedo, tenía miedo a la muerte, escuchaba y sentía los paso detrás de mí, mi cuerpo trataba a toda costa de salir corriendo despavorido mientras mi mente hacia un esfuerzo sobrehumano por mantenerse por lo menos un poco estable para poder pensar en la forma de salir de ahí, si es que había una forma, di un paso lateral muy lento, apenas rozando el suelo, el que iba hasta enfrente volvió a gritar, y se lanzó contra mí. O eso pensé, en realidad se aventó contra el ropero, rasgando y mordiendo todo lo que tenía a su alcance, poco a poco los que tenía atrás fueron haciendo lo mismo, destrozándolo todo. Hasta ahora lo entiendo, nunca lavaba mi ropa, el agua era un recurso escaso que no podía darme el lujo de desperdiciar, por lo tanto mi ropa tenía toda la peste a mí, creo que por primera vez estoy tan agradecido de ser tan sucio, la trampa había funcionado.
Ninguno me notaba siquiera, era como si desde siempre yo hubiera sido uno de ellos, tenía una ventana de un par de minutos para largarme de ahí. Caminé tan lento como me era posible, tratando de imitar sus movimientos, era cierto que por lo menos por el aroma no me detectaban, pero no quería correr más riesgos de los que ya tenía encima. Los minutos parecían horas mientras yo me esforzaba por llegar a la puerta de salida, por muy raro que se oiga, a pesar de que estaba hasta el cuello de problemas, todo parecía estar bien. Puse mi mano sobre la manija  de la puerta y la giré muy lentamente, un pequeño chasquido y la puerta estaba abierta, aun no amanecía, pero la noche ya proyectaba las siluetas de por lo menos diez de ellos dentro del patio, esquivarlos no sería fácil pero tampoco imposible.
Ni siquiera di el primer paso cuando me detuve en seco: la computadora seguía en mi cuarto. Debí dejarla, sé que debí dejarla, pero no pude, de alguna forma me quede tan pegado a ella como si fuera la única persona que me hubiera escuchado durante tanto tiempo. No podía dejarla ahí, no con ellos. Regresé sobre mis pasos, de nuevo con una lentitud pasmosa que sólo servía para darle mayor suspenso al asunto. De la sala tomé una mochila vieja, pero en muy buen estado, la había encontrado dentro del auto que tenía estacionado en la calle de atrás. El ver la mochila hizo que una ola de sentimientos me atacaran: alivio, esperanza y un poco de ganas de gritarme lo estúpido que era por no haberlo pensado antes, el auto funcionaba bien, si llegaba a él podría largarme sin mayor problema, sólo había que llegar al auto. Seguí caminando con los brazos colgándome a los lados, tal como ellos lo hacían, entré a mi cuarto y hasta me di el lujo de empujar con el hombro a uno de ellos, poco a poco tenia más seguridad, de alguna forma la situación iba adquiriendo poco a poco ventajas que la hacían más favorable, llegué al escritorio y muy lento comencé a mover la computadora hasta que pareciera que la tiraba dentro de la mochila vacía, la cerré y me la puse, ahora si podía irme de ese lugar al que por tantos meses llamé mi hogar, no había tiempo de nostalgia, tenía que salir de ahí. De nuevo caminé a la puerta principal, pensé en salir por el portón y darle vuelta a la calle para tomar mi auto, usar la escalera de la barda era un riesgo innecesario. Atravesé el pasillo para llegar a la sala, ya casi terminaba y entonces… quedé frente a él.
Era un hombre, no más grande que yo, incluso teníamos rasgos similares. Estaba parado en medio de la sala, no se movía, ni un musculo, como esperándome,  sobre su ropa negra apenas y se podían distinguir unas cuantas manchas de sangre seca, sus labios partidos dibujaban una mueca muy rara sobre su cara, era como si quisiera contener una bestia que estaba a punto de salir por su boca; sus dientes, amarillos y parejos, daban la impresión de estar afilados, su figura completa me atemorizaba, aun así lo que más me daba miedo era la expresión en su rostro, era como si el odio hubiera tomado forma humana y el destino lo hubiera puesto frente a mí. Él, completamente quieto, y yo, comenzaba a temblar de miedo.
Los minutos pasaban y los dos nos encontrábamos parados el uno frente al otro, era como si el tiempo se hubiera detenido y estuviera decidido a no seguir más. Me tenía que ir de ahí, ya no podía esperar más.
Apenas levante el pie para dar el primer paso, cuando me di cuenta de todo. Era como si un rayo de lucidez me hubiera pegado de lleno en la cara: este no había caído en la trampa. Salté hacia atrás tan fuerte como me fue posible, el viento me tocó el rostro mientras escuchaba el pequeño silbido que hacían sus dedos al cortar el aire, había esquivado un arañazo que me iba a hacer tiras la cabeza entera. Corrí tan rápido como pude tratando de llegar a mi cuarto, no sabía exactamente que iba a lograr con eso pero en ese momento no podía pensar en nada más que en alejarme de él, ni siquiera había avanzado tres pasos cuando un empujón me aventó hacia enfrente, era mucho más rápido que los otros, antes de caer, pude detenerme en el borde del marco de mi puerta, usando mis brazos como resorte me impulsé con todas mis fuerzas tratando de seguir corriendo y pasar por un lado de él, la suerte me dejaba de sonreír, traté de esquivarlo, sentí como sus dedos se encajaban en mis costillas, quizás de no ser por la chamarra de mezclilla dura me habría atravesado la piel, aun así sentí como mis pies se despegaban del suelo por un momento y yo salía volando, hasta caer de nuevo en la sala, sentí como todo mi peso se recargaba sobre mi hombro doblándolo dolorosamente, mientras trataba de girar sobre mí mismo para reducir el impacto, la adrenalina que circulaba por mi sangre me hizo olvidarme rápido del dolor y pensar rápido en la forma de huir de ahí, me levanté como pude y corrí hacia la cocina, si eso no funcionaba, no habría forma de parar mi muerte.
Abrí la puerta de la cocina sin cerrarla y abrí la ventana que tenía a un lado, apenas y tuve tiempo para eso, cuando entró, de inmediato volteó hacia la ventana, se distrajo sólo un segundo, esa era mi oportunidad, arremetí tan fuerte como pude contra él, de pronto había sacado fuerzas de no sé dónde, el empujón había sido tal que antes de caer se había estrellado contra un pequeño refri descompuesto, haciendo que se balanceara, con lo poco que aun tenia de energía logré jalarlo y hacerlo caer sobre sus piernas. Al parecer me había funcionado, había comprado un par de segundos vitales. Salté por la ventana y llegué a la escalera que tenía recargada en la barda, subí tan rápido como mis piernas y brazos aun me lo permitían hasta llegar a la parte de arriba, apenas había puesto un pie sobre la barda, cuando el sonido de un estallido de vidrios llegó hasta mí, no me atreví a voltear hacia atrás, solamente había una forma de hacer las cosas, sin pensarlo salté desde la barda hacia el piso, eran más de dos metros de altura, aunque caí de pie, sentí  como los huesos se me estremecían completamente mientras el dolor en los talones se hacía insoportable. A duras penas pude llegar a la entrada de la casa de atrás, lo había logrado, el auto estaba a un par de metros.
Un sólo vistazo hacia atrás me hizo llenarme de terror: él estaba ahí, en el mismo patio que yo, a menos de un metro de la barda, a unos cuantos metros de mí, de nuevo, inmóvil, esperando el momento para acabar con todo. Era el fin, todo estaba perdido, al parecer era mi hora de morir, pensé en mi familia, ya era hora de reunirme con ellos, sé que suena totalmente loco, pero creo que ellos desde arriba me ayudaron. Estaba resignado a morir ahí mismo, lleno de cansancio agache la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos impidiéndome ver bien, aún así, atravez de ellas pude verla: era un coctel molotov. El tiempo se detuvo un instante y mi cerebro comenzó a trabajar tan rápido como nunca lo había hecho. Sólo una molotov, no había más, el encendedor estaba en mi bolsillo, no se podía arrojar directamente, aunque se prendiera en llamas tardaría minutos en morir y sólo necesitaba segundos para alcanzarme, tenía una opción más, realmente esperaba que funcionara. Todo volvió a su curso normal, él seguía mirándome sin moverse, tenía que distraerlo para poder sacar el encendedor de mi bolsa. Levanté mi cara hacia él con una expresión de furia tratando de que no mirara a mi mano, y fue al mirarlo cuando me quedé petrificado. Sonreía… el maldito bastardo sonreía.
Tener el encendedor en la mano me hizo reaccionar, lo segundos eran justos y no podía tener el mas mínimo error, respiré lento por última vez, y tomé la bomba para salir corriendo, la encendí inmediatamente sin dejar de correr, a cada paso sentía como retumbaba el piso con las zancadas que daba mi perseguidor. Levanté la bomba por encima de mi cabeza y bajé el brazo tan rápido como pude, estrellando la molotov muy cerca de mí, justamente en la entrada, el fuego lo distrajo unos cuantos segundos más, dándome oportunidad de subir al carro y acelerar sin voltear un segundo. Aceleré dejándolo todo atrás, mi casa, mi cuarto, mi comida enlatada, mi bate, mis petardos, mi mascota sin dientes ni ojos, a la flaca de pelo oscuro, todo se quedó atrás.
Batería…5%
Ahora no sé qué voy a hacer, en mi intento por escapar me moví mucho hacia lugares que nunca había visto, el auto es útil, pero llama mucho la atención, no tengo a donde ir más que encontrar un poco de comida y volver a los cerros, al parecer es el único lugar más o menos seguro para tomar un descanso, no sé si sobreviva ahí, y no creo que la computadora sobreviva ahí, el mundo se acabó y yo junto con él.
Ahora, estoy sólo…muerto y sólo...

viernes, 10 de mayo de 2013

Diario del sobreviviente: Entrada 18


4 y media de la mañana, otra vez no pude dormir…
Puede sonar increíble, pero extraño a los fantasmas, extraño a los vampiros, brujas, hombres-lobo, aliens… ya estoy hasta la madre de ver muertos vivientes todos los días.
No sé porque carajo estoy escribiendo esto, tal vez nadie nunca lo lea, aun así no dejo de hacerlo, de alguna forma me sirve para no enloquecer. No, ya enloquecí, estoy casi seguro de eso, a ratos extraño a mi familia, a ratos me olvido de que hubo alguien más como yo en este planeta, la vida se vuelve más difícil y a esto no le veo fin. No sé qué voy a hacer.
Bueno por lo menos tengo un nuevo auto, se ve bien, tarde medio día buscándolo pero fue bastante satisfactorio el resultado, le cargué gasolina, le metí una mochila con víveres esenciales, e incluso lo limpie un poco, no sirve de nada pero me gusta más verlo así. Esta vez no cometí el error de estacionarlo frente a mi casa, lo puse cerca de la entrada de la casa de atrás, donde tengo el generador, ahí está más seguro.
La misma rutina de siempre, buscar comida y agua, buscar herramientas y piezas pequeñas de metal para los petardos, ir por gasolina, pasarla por encima de la barda y llenar botellas, frascos y el generador, alimentar a la mascota que tengo en la cocina de la casa de atrás, mirar a la chaparra de pelo negro y una mordida en el tobillo, sólo la veo, no puedo hacer nada más, alguna vez pensé en masturbarme por lo menos, pero en un mundo muerto donde luchas por sobrevivir mientras monstruos a los que antes les llamabas personas tratan de comerse tus intestinos hasta el sexo puede pasar a segundo plano, ahora sólo la veo y pienso, pienso en que hubiera pasado si la hubiera conocido antes, en que sería de mi si esto no estuviera pasando, en como carajo un mundo ya horrible se convirtió en algo peor, no importa, soy un hombre de apenas un poco más de 20 años que lucha por sobrevivir a la muerte sin saber por qué, esto no puede empeorar más, no me puede llevar más la jodida, quizás sólo matándome podría empeorar esto, a ratos eso ya ni me importa, para ser sincero, a ratos ya no me importa nada y no sé cuánto más pueda soportar el estar así, yo tenía una vida, tal vez como yo la quería, pero por lo menos era una vida en donde yo podía ir a dormir todas las noches tranquilo, sin estar asustado, sin huir, sin esconderme, sin tener que contarle mi vida a una computadora.
Supongo que tengo que levantar mi ánimo, el sol ya está saliendo, probablemente salga en un rato en busca de algunas plantas para decorar la casa después de todo la abuela solía decir que las plantas le dan vida a un hogar y creo que necesito…


ÚLTIMA ENTRADA DEL DIARIO DEL SOBREVIVIENTE… PRÓXIMAMENTE… 

jueves, 9 de mayo de 2013

Diario del sobreviviente: Entrada 17


De vez estoy más convencido: no es que yo quiera ellos se lo ganan… hicieron pedazos el primer auto.
Todo empezó antier, apenas unos días después de mi última anotación, fui a buscar algo de comer, no es que me estuviera muriendo de hambre, pero no me gusta quedarme sin provisiones, además ya no es tan fácil como al principio, este pueblo era casi desierto pero aun así había casas, y en ellas encontraba de vez en cuando comida, claro que me refiero a enlatados y cosas así, las cosas frescas me producen cierto temor, no sé cómo empezó esto pero si fue por comida infectada no quiero correr el riesgo tan estúpido, además, todo lo que no está en conserva ya está echado a perder desde hace mucho, pude haber guardado un poco en el refri de la casa, pero eso ya era algo totalmente inútil, en fin, digo que seguía buscando comida en lugares donde ya no había nada que saquear, tuve que salir cada vez más lejos, desde hace un par de semanas incluso cambiar de pueblo a los más próximos, claro que me encuentro con algunos en el camino, pero nunca han sido más de tres o cuatro, y poco a poco he agarrado buena técnica con mi bate de clavos, así que teniendo cuidado puedo avanzar incluso kilómetros, aunque no he llegado a dos según yo.
Chicharos, puré de tomate, granos de elote, duraznos en almíbar. Maldita sea lo que daría por una buena hamburguesa, unos tacos, me comería un maldito perro en una tortilla aunque quedara estreñido como una mula colombiana, pero eso no se puede, hay que conformarse con lo que uno tiene, si la vida te da limones haz limonada, ahora que si la vida te da un apocalipsis zombie, pues, creo que si estoy bien jodido. Eran unas 17 latas y yo cargándolo todo en una bolsa negra con un calor terrible, lo peor no era la temperatura si no que después de los 30 grados, el asfalto se calienta y el tapiz de tripas, sangre y demás órganos (juraría que vi un pene entre ellos) comienza a surgir un aroma totalmente asqueroso del suelo, ni un cubrebocas ayuda, encima de eso tener que caminar 2 kilómetros, se vuelve una pesadilla. Pues venia yo resignado a esto cuando me encontré con ese auto, no es que hubiera llegado sin buscar nada y encontrar el perfecto, de hecho en todo el camino de ida ya había pensado en opciones, aunque ninguna me había convencido totalmente, este tampoco, pero no puedes pedir mucho cuando estas en medio de la nada sin una concesionaria de autos último modelo a la vuelta de la esquina. Pues estaba relativamente decente, por lo menos tenía cuatro ruedas, un motor y transmisión automática, un color azul tenue y medio tanque de gasolina, parecía estar esperándome, con las llaves pegadas y todo, ni siquiera le costó encender. En unos cuantos minutos ya estaba yo dando vueltas en mi pueblo probando los frenos, las llantas, la dirección y todo lo que suponía que debía llevar un carro que pudiera considerarse manejable. creo que fue mi emoción por haberlo encontrado, o tal vez era que la tarde ya estaba a punto de acabar haciendo más difícil poder ver cualquier cosa en la oscuridad que comenzaba a cubrirlo todo, el caso es que los note cuando los tenia de frente a menos de 15 metros del cofre de mi nuevo auto, eran unos ocho, ningún problema, la reversa funcionaba de maravilla, por más que corrían llegue a casa con un margen de casi la mitad de calle, incluso baje lentamente del auto y camine hasta abrir la puerta de la casa, tenía suficiente tiempo para ir por el bate y unas cuantas molotovs, tal vez hasta un petardo, de paso servía que probaba una nueva forma de usarlos, maldita confianza me hizo caer en la lentitud, tardé tanto en darme cuenta.
Apenas había salido de la casa para dirigirme al balcón desde donde los atacaría, cuando escuché el primer golpe, fue seco y duro, los cristales habían resistido pero se habían estrellado completamente, de eso estaba seguro, incluso en ese momento me costaba trabajo entender que era lo que estaba pasando, fue hasta que subí al balcón donde me di cuenta de todo: los hijos de puta estaban haciendo pedazos el auto. Era como una bola de animales furiosos, golpeaban, pateaban y se arrojaban contra el auto sin importarles nada, no importó cuanto les grite o cuanto traté de llamar su atención, los desgraciados no hicieron caso hasta romper la tapa del cofre y hacer que de este saliera un humo gris muy fino. Lo sabían no entiendo como pero sabían lo que ese auto significaba para mí, y sobre todo yo sabía lo que significaba para mí.
Ni siquiera pude pensar, el coraje me tenía enceguecido, tenía ganas de salir y matarlos uno a uno, de alguna manera mi instinto de supervivencia me convenció de lo contrario, prendí la mecha de una molotov y la arroje tan lejos como pude, la suerte parecía una broma de mal gusto pues el bomba cayó exactamente en el parabrisas destrozado del carro, incendiándolo por completo, ahora si tenía su atención, ahora si los tenia debajo de mí, reclamando mi carne como buitres esperando a que su presa por fin muera para comer su carroña, bien… yo no era esa presa, prendí la mecha larga del petardo que tenía amarrado a una cuerda larga que pude hacer juntando varios metros de hilo delgado, la bajé poco a poco hasta que estuvo apenas un poco más arriba de sus manos estiradas, sólo espere un momento para escuchar el ruido ensordecedor de la pólvora, y los metales incrustándose en todo, el viento soplaba en pro, así que no tuve que preocuparme mucho por la caída de las piezas sobre mí, aun así me cubrí con el pedazo de lámina que antes era una puerta, no tuvo ningún impacto. Cuando por fin estuve seguro de que todo había pasado, me asome para ver a los cerdos infelices que tenía como invitados… todos inmóviles, tirados en el piso, con gran parte de las rondanas y tuercas metidas en sus cerebros inconscientes. Ocho de un solo tiro, esa era nueva. Los maté, y ellos me dejaron sin una forma de largarme de aquí…