De vez estoy más convencido: no es que yo quiera ellos se lo
ganan… hicieron pedazos el primer auto.
Todo empezó antier, apenas unos días después de mi última
anotación, fui a buscar algo de comer, no es que me estuviera muriendo de
hambre, pero no me gusta quedarme sin provisiones, además ya no es tan fácil
como al principio, este pueblo era casi desierto pero aun así había casas, y en
ellas encontraba de vez en cuando comida, claro que me refiero a enlatados y
cosas así, las cosas frescas me producen cierto temor, no sé cómo empezó esto
pero si fue por comida infectada no quiero correr el riesgo tan estúpido,
además, todo lo que no está en conserva ya está echado a perder desde hace
mucho, pude haber guardado un poco en el refri de la casa, pero eso ya era algo
totalmente inútil, en fin, digo que seguía buscando comida en lugares donde ya
no había nada que saquear, tuve que salir cada vez más lejos, desde hace un par
de semanas incluso cambiar de pueblo a los más próximos, claro que me encuentro
con algunos en el camino, pero nunca han sido más de tres o cuatro, y poco a
poco he agarrado buena técnica con mi bate de clavos, así que teniendo cuidado
puedo avanzar incluso kilómetros, aunque no he llegado a dos según yo.
Chicharos, puré de tomate, granos de elote, duraznos en almíbar.
Maldita sea lo que daría por una buena hamburguesa, unos tacos, me comería un
maldito perro en una tortilla aunque quedara estreñido como una mula colombiana,
pero eso no se puede, hay que conformarse con lo que uno tiene, si la vida te
da limones haz limonada, ahora que si la vida te da un apocalipsis zombie,
pues, creo que si estoy bien jodido. Eran unas 17 latas y yo cargándolo todo en
una bolsa negra con un calor terrible, lo peor no era la temperatura si no que
después de los 30 grados, el asfalto se calienta y el tapiz de tripas, sangre y
demás órganos (juraría que vi un pene entre ellos) comienza a surgir un aroma
totalmente asqueroso del suelo, ni un cubrebocas ayuda, encima de eso tener que
caminar 2 kilómetros, se vuelve una pesadilla. Pues venia yo resignado a esto
cuando me encontré con ese auto, no es que hubiera llegado sin buscar nada y
encontrar el perfecto, de hecho en todo el camino de ida ya había pensado en
opciones, aunque ninguna me había convencido totalmente, este tampoco, pero no
puedes pedir mucho cuando estas en medio de la nada sin una concesionaria de
autos último modelo a la vuelta de la esquina. Pues estaba relativamente
decente, por lo menos tenía cuatro ruedas, un motor y transmisión automática,
un color azul tenue y medio tanque de gasolina, parecía estar esperándome, con
las llaves pegadas y todo, ni siquiera le costó encender. En unos cuantos
minutos ya estaba yo dando vueltas en mi pueblo probando los frenos, las
llantas, la dirección y todo lo que suponía que debía llevar un carro que
pudiera considerarse manejable. creo que fue mi emoción por haberlo encontrado,
o tal vez era que la tarde ya estaba a punto de acabar haciendo más difícil poder
ver cualquier cosa en la oscuridad que comenzaba a cubrirlo todo, el caso es
que los note cuando los tenia de frente a menos de 15 metros del cofre de mi
nuevo auto, eran unos ocho, ningún problema, la reversa funcionaba de maravilla,
por más que corrían llegue a casa con un margen de casi la mitad de calle,
incluso baje lentamente del auto y camine hasta abrir la puerta de la casa, tenía
suficiente tiempo para ir por el bate y unas cuantas molotovs, tal vez hasta un
petardo, de paso servía que probaba una nueva forma de usarlos, maldita confianza
me hizo caer en la lentitud, tardé tanto en darme cuenta.
Apenas había salido de la casa para dirigirme al balcón desde
donde los atacaría, cuando escuché el primer golpe, fue seco y duro, los
cristales habían resistido pero se habían estrellado completamente, de eso
estaba seguro, incluso en ese momento me costaba trabajo entender que era lo
que estaba pasando, fue hasta que subí al balcón donde me di cuenta de todo:
los hijos de puta estaban haciendo pedazos el auto. Era como una bola de
animales furiosos, golpeaban, pateaban y se arrojaban contra el auto sin
importarles nada, no importó cuanto les grite o cuanto traté de llamar su atención,
los desgraciados no hicieron caso hasta romper la tapa del cofre y hacer que de
este saliera un humo gris muy fino. Lo sabían no entiendo como pero sabían lo
que ese auto significaba para mí, y sobre todo yo sabía lo que significaba para
mí.
Ni siquiera pude pensar, el coraje me tenía enceguecido, tenía
ganas de salir y matarlos uno a uno, de alguna manera mi instinto de supervivencia
me convenció de lo contrario, prendí la mecha de una molotov y la arroje tan
lejos como pude, la suerte parecía una broma de mal gusto pues el bomba cayó
exactamente en el parabrisas destrozado del carro, incendiándolo por completo,
ahora si tenía su atención, ahora si los tenia debajo de mí, reclamando mi
carne como buitres esperando a que su presa por fin muera para comer su carroña,
bien… yo no era esa presa, prendí la mecha larga del petardo que tenía amarrado
a una cuerda larga que pude hacer juntando varios metros de hilo delgado, la
bajé poco a poco hasta que estuvo apenas un poco más arriba de sus manos
estiradas, sólo espere un momento para escuchar el ruido ensordecedor de la pólvora,
y los metales incrustándose en todo, el viento soplaba en pro, así que no tuve
que preocuparme mucho por la caída de las piezas sobre mí, aun así me cubrí con
el pedazo de lámina que antes era una puerta, no tuvo ningún impacto. Cuando por
fin estuve seguro de que todo había pasado, me asome para ver a los cerdos
infelices que tenía como invitados… todos inmóviles, tirados en el piso, con
gran parte de las rondanas y tuercas metidas en sus cerebros inconscientes. Ocho
de un solo tiro, esa era nueva. Los maté, y ellos me dejaron sin una forma de
largarme de aquí…
No hay comentarios:
Publicar un comentario