jueves, 9 de mayo de 2013

Diario del sobreviviente: Entrada 17


De vez estoy más convencido: no es que yo quiera ellos se lo ganan… hicieron pedazos el primer auto.
Todo empezó antier, apenas unos días después de mi última anotación, fui a buscar algo de comer, no es que me estuviera muriendo de hambre, pero no me gusta quedarme sin provisiones, además ya no es tan fácil como al principio, este pueblo era casi desierto pero aun así había casas, y en ellas encontraba de vez en cuando comida, claro que me refiero a enlatados y cosas así, las cosas frescas me producen cierto temor, no sé cómo empezó esto pero si fue por comida infectada no quiero correr el riesgo tan estúpido, además, todo lo que no está en conserva ya está echado a perder desde hace mucho, pude haber guardado un poco en el refri de la casa, pero eso ya era algo totalmente inútil, en fin, digo que seguía buscando comida en lugares donde ya no había nada que saquear, tuve que salir cada vez más lejos, desde hace un par de semanas incluso cambiar de pueblo a los más próximos, claro que me encuentro con algunos en el camino, pero nunca han sido más de tres o cuatro, y poco a poco he agarrado buena técnica con mi bate de clavos, así que teniendo cuidado puedo avanzar incluso kilómetros, aunque no he llegado a dos según yo.
Chicharos, puré de tomate, granos de elote, duraznos en almíbar. Maldita sea lo que daría por una buena hamburguesa, unos tacos, me comería un maldito perro en una tortilla aunque quedara estreñido como una mula colombiana, pero eso no se puede, hay que conformarse con lo que uno tiene, si la vida te da limones haz limonada, ahora que si la vida te da un apocalipsis zombie, pues, creo que si estoy bien jodido. Eran unas 17 latas y yo cargándolo todo en una bolsa negra con un calor terrible, lo peor no era la temperatura si no que después de los 30 grados, el asfalto se calienta y el tapiz de tripas, sangre y demás órganos (juraría que vi un pene entre ellos) comienza a surgir un aroma totalmente asqueroso del suelo, ni un cubrebocas ayuda, encima de eso tener que caminar 2 kilómetros, se vuelve una pesadilla. Pues venia yo resignado a esto cuando me encontré con ese auto, no es que hubiera llegado sin buscar nada y encontrar el perfecto, de hecho en todo el camino de ida ya había pensado en opciones, aunque ninguna me había convencido totalmente, este tampoco, pero no puedes pedir mucho cuando estas en medio de la nada sin una concesionaria de autos último modelo a la vuelta de la esquina. Pues estaba relativamente decente, por lo menos tenía cuatro ruedas, un motor y transmisión automática, un color azul tenue y medio tanque de gasolina, parecía estar esperándome, con las llaves pegadas y todo, ni siquiera le costó encender. En unos cuantos minutos ya estaba yo dando vueltas en mi pueblo probando los frenos, las llantas, la dirección y todo lo que suponía que debía llevar un carro que pudiera considerarse manejable. creo que fue mi emoción por haberlo encontrado, o tal vez era que la tarde ya estaba a punto de acabar haciendo más difícil poder ver cualquier cosa en la oscuridad que comenzaba a cubrirlo todo, el caso es que los note cuando los tenia de frente a menos de 15 metros del cofre de mi nuevo auto, eran unos ocho, ningún problema, la reversa funcionaba de maravilla, por más que corrían llegue a casa con un margen de casi la mitad de calle, incluso baje lentamente del auto y camine hasta abrir la puerta de la casa, tenía suficiente tiempo para ir por el bate y unas cuantas molotovs, tal vez hasta un petardo, de paso servía que probaba una nueva forma de usarlos, maldita confianza me hizo caer en la lentitud, tardé tanto en darme cuenta.
Apenas había salido de la casa para dirigirme al balcón desde donde los atacaría, cuando escuché el primer golpe, fue seco y duro, los cristales habían resistido pero se habían estrellado completamente, de eso estaba seguro, incluso en ese momento me costaba trabajo entender que era lo que estaba pasando, fue hasta que subí al balcón donde me di cuenta de todo: los hijos de puta estaban haciendo pedazos el auto. Era como una bola de animales furiosos, golpeaban, pateaban y se arrojaban contra el auto sin importarles nada, no importó cuanto les grite o cuanto traté de llamar su atención, los desgraciados no hicieron caso hasta romper la tapa del cofre y hacer que de este saliera un humo gris muy fino. Lo sabían no entiendo como pero sabían lo que ese auto significaba para mí, y sobre todo yo sabía lo que significaba para mí.
Ni siquiera pude pensar, el coraje me tenía enceguecido, tenía ganas de salir y matarlos uno a uno, de alguna manera mi instinto de supervivencia me convenció de lo contrario, prendí la mecha de una molotov y la arroje tan lejos como pude, la suerte parecía una broma de mal gusto pues el bomba cayó exactamente en el parabrisas destrozado del carro, incendiándolo por completo, ahora si tenía su atención, ahora si los tenia debajo de mí, reclamando mi carne como buitres esperando a que su presa por fin muera para comer su carroña, bien… yo no era esa presa, prendí la mecha larga del petardo que tenía amarrado a una cuerda larga que pude hacer juntando varios metros de hilo delgado, la bajé poco a poco hasta que estuvo apenas un poco más arriba de sus manos estiradas, sólo espere un momento para escuchar el ruido ensordecedor de la pólvora, y los metales incrustándose en todo, el viento soplaba en pro, así que no tuve que preocuparme mucho por la caída de las piezas sobre mí, aun así me cubrí con el pedazo de lámina que antes era una puerta, no tuvo ningún impacto. Cuando por fin estuve seguro de que todo había pasado, me asome para ver a los cerdos infelices que tenía como invitados… todos inmóviles, tirados en el piso, con gran parte de las rondanas y tuercas metidas en sus cerebros inconscientes. Ocho de un solo tiro, esa era nueva. Los maté, y ellos me dejaron sin una forma de largarme de aquí…

No hay comentarios:

Publicar un comentario