domingo, 26 de agosto de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 9

Han pasado casi 5 semanas desde que empecé a escribir esto, poco mas de 4 meses desde que vivo aquí, 22 años de existencia y no se cuanto tiempo desde que el mundo debió de haberse ido al carajo antes de que empezara esto.

Pero bueno ya he contado como fue que llegué aquí, mientras lo hacia ya han pasado otras cosas. Llené la alacena 2 veces, hay otra tienda a unos 10 minutos de aquí, no debería ser mucho problema surtir, tal vez se piense que acabo con tiendas enteras en un santiamén, pero lo cierto es que es muy difícil encontrar siquiera comida, de las tiendas mas cercanas encontré muy poco, era como si la infección los hubiera obligado a saquear en un estúpido intento de aprovecharse de la situación, a veces registro las casas pero tampoco encuentro mucho, sin ninguna clase de arma mas que herramientas, los cuchillos son útiles pero no sirven de mucho para matarlos. En el último mes he encontrado algunas cosas interesantes: 3 encendedores, unos 4 metros de cuerda gruesa, cinta de aislar, desarmadores, 2 cuchillos delgados, un extintor pequeño y un bate de beisbol, con un poco de imaginación debería hacer algo útil de todo esto, aunque no se muy bien que hacer por ahora tenerlos es suficiente. El combustible esta en perfectas condiciones, si pudiera conseguir como almacenarlo podría traer suficiente para durar un buen rato aquí, ya no tengo demasiadas esperanzas de salir y ver que es lo que pasa en el mundo, no me hace falta salir mucho para saber que ya todo se fue al carajo. He tenido que arrastrar los cuerpos de los que ya no se mueven y amontonarlos, no los quemo, eso podría atraer a mas, aun y con que quieran servirme en su mesa, no dejó de recordar que alguna vez fueron humanos, ahora también lo son sólo que un poco peores.

Sólo se necesita una mordida, lo que sea que haga esto se contagia solo por la sangre o por la saliva, los rasguños no tienen efecto, me han arañado mas de una vez y aun no quiero comer nada más allá de mis botanas de queso. Sólo los vivos se contagian, si es que llegan a sobrevivir al ataque, nunca he visto un muerto todo podrido caminar por ahí, apestan como el carajo, pero no están podridos, al contrario, sus heridas sanan muy rápido, cambian muy poco de su aspecto original, palidecen, tienen mirada opaca, pierden el sentido común y tienen mucha hambre, también pierden la capacidad de pensar, no pueden ni abrir puertas ni usar herramientas, se vuelven animales completamente. Ahora que lo pienso, nunca he visto un animal convertido, no se si es por que no les afecta la infección o por que terminan hechos pedazos antes de poder cambiar, no comen plantas, adoran la carne, aunque nunca se atacan entre ellos, aun no comprendo porque. Su cara siempre es inexpresiva, creo que eso es lo que me da mas miedo: la ausencia de emociones, no ríen, no se enfurecen y no tienen miedo…no sufren dolor, o al menos eso parece, he herido a muchos y sin embargo me siguen atacando, a una le rompí una pierna, siguió caminando con un leve cojeo pero sin el mas mínimo rastro de dolor en su cara. Sufren de cansancio, aunque su fuerza y resistencia son increíbles, aun tienen limites, pero aunque se cansen, no duermen o por lo menos nunca he visto a ninguno dormido, y aun tienen necesidades básicas, como respirar, defecar, y comer, creo que también tienen la necesidad de beber, por eso siempre se están moviendo. La mayoría de ellos son nómadas y vienen en manada, consumen lo que encuentran y se van, salvo algunas excepciones.

Es todo lo que se de ellos, bueno también omití algo: una vez tuve la necesidad de salir de noche, me encontré con uno de ellos, estaba a unos 20 metros de mi, al parecer era ciego, o cercano a un ciego, pues no me vio cuando pasaba frente a él, fue hasta que la curiosidad del saber porque no me había atacado me hizo acercarme, levantó la cabeza, como si fuera un animal rastreando a su presa, dio conmigo y empezó a correr tras su cena. Así como lo veo, me parece que no han aumentado sus sentidos, salvo el del olfato.

Tengo una mínima posibilidad de sobrevivir… y la voy a utilizar.

sábado, 18 de agosto de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 8

La noche caía sobre nosotros y con ella nuestros miedos aumentaban, estábamos cerca de la casa que según Juan nos podría resguardar y proteger de esas cosas, por menos el tiempo suficiente para poder planear algo concreto. La luna llena se levantaba en lo alto, estábamos cansados y hambrientos, un baño y un poco de comida (quizás una cerveza) ya eran mucho pedir, pero sin duda los necesitábamos.

Habíamos recorrido lo que parecía cerca de la mitad de la colonia, dejando atrás casas y los pocos carros estacionados incluyendo el camión perfectamente estacionado al lado de la banqueta por donde caminábamos, supongo que era mas costumbre que seguridad, pero el ir caminando por la banqueta me hizo preguntarme por que diablos no íbamos por la calle, a fin de cuentas, no creo que hubiera muchos carros por ese lugar, a primera vista era notorio que con zombies o sin ellos, ese lugar era tan desértico como los cerros en los que habíamos estado por la tarde. Aun iba pensando en esto cuando al parecer Juan escucho algo, volteó rápidamente y si cara reflejó terror puro al grado de hacerme voltear a mi también, creí haber visto algo, mas no lo recuerdo con claridad, lo único que recuerdo fue el puño de mi compañero clavándose con fuerza debajo de mi costilla, el dolor fue tan intenso que caí al piso, era obvio, el maldito cobarde quería dejarme morir a mi suerte, él quería huir pero ¿de que? Lo cierto es que hasta el día de hoy no sé que pudo haber visto, sólo recuerdo que quiso correr con la misma dirección a la que nos dirigíamos, y entonces la vio.

Poco mas de un metro sesenta, complexión media, su cabello negro como la noche aunque un tanto alborotado aun caía sobre sus hombros, con ese cuerpo se notaba que hacia ejercicio y lo mas atractivo de ella eran esos labios que, aunque un poco pálidos, seducían la mirada e incitaban el deseo, mi mente ya alucinaba mientras que escondido debajo del camión observaba toda la escena: Se encontraron de frente, la mirada fija en los ojos, ella se acercó lentamente a el hasta que sus pálidos labios casi lo tocaban, para ese momento casi pude haber querido ser Juan de no ser por que ella terminó de acercarse para arrancarle con los dientes el labio inferior, él quiso correr pero ella era mas fuerte, ni siquiera lo dejó moverse cuando sus dedos se clavaron en su miembro haciéndolo sangrar enseguida, de su boca ensangrentada surgió un chillido similar al que hacen los puercos cuando los están matando, en el suelo comenzaba a formarse un charco de sangre, orina y algo que podría jurar era mierda. Pobre Juan, sufría de la muerte mas humillante que hubiera podido ver, y peor aun, yo no podría ayudarle, él ya pertenecía al mundo de los muertos.

Mientras al pobre tipo le chupaban hasta los huesos, aproveche el momento para salir corriendo tan rápido como pude, lastimosamente rapidez no significa sigilo, así que en cuanto esa chica me escuchó salió corriendo tras de mi, tan sólo unos 30 metros nos separaban y era obvio que no tardaría en alcanzarme, mi ultima oportunidad estaba en un portón blanco cuya puerta estaba abierta, no sabia que había del otro lado, pero era preferible a la muerte inminente que venia sobre mi, así que entré y cerré tan rápido como pude, no paso ni siquiera un segundo cuando la escuché estrellarse contra la lámina dura, en un acto reflejo voltee para saber a donde me había metido. Un patio y una casa era lo único que había, entré en ella para asegurarme de que no hubiera mas de esas cosas cerca, cuando por fin lo comprobé me dirigí a la cocina y busque algo de comer, un paquete de pan blanco sin destapar fue la respuesta a mis plegarias. Seguí caminando hasta llegar a un cuarto oscuro, una cama grande aunque un tanto dura, así como un escritorio y un ropero eran los únicos muebles de la habitación, sobre el escritorio había una laptop. Sin zombies, cómoda y no había tenido que pagar por ella, podría acostumbrarme, terminando me fui a la cama y toda la noche miré al techo sin poder dormir.

Esa misma mañana mi mamá había ido a trabajar, mi padre veía las noticias y mi hermano dormía en la cama… y yo tenía una vida que nunca aprecie hasta que la perdí por completo…

viernes, 10 de agosto de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 7

Aun teníamos algunas horas de luz solar cuando seguíamos recorriendo los cerros por los caminos mas altos que encontrábamos, el estar arriba nos daba cierta ventaja, teníamos una mejor visibilidad del entorno, aun así, ambos sabíamos que al caer la noche todo se volvería mucho mas aterrador, teníamos que decidir, entre dormir ocultos y montar guardia por lo menos un par de horas, o buscar un sitio seguro con mas personas que fueran igual a nosotros, no es que los demás no lo fueran, pero sinceramente a mi el olor de la carne humana comenzaba adarme un poco de asco, en mi mente surgió una pregunta que de inmediato deseche pues lo primero era encontrar una solución para poder seguir avanzando, aunque en realidad no sabíamos a donde avanzar, optamos por seguirnos moviendo, tal vez tendríamos suficiente suerte de encontrar por lo menos un refugio, de nuevo recordé lo que dijo mi padre sobre la guerra nuclear y lo dije en voz alta, fue cuando la mente brillante de Juan dio una idea no tan brillante: "mis tíos viven hacia allá, es una colonia sin gente, a lo mejor ahí todavía no ha llegado". Omitiendo lo estúpido de su razonamiento, al parecer tenía razón, y digo estúpido, por que para llegar allá, teníamos que cruzar por otra ciudad mas, era casi seguro que ahí nos aguardaba la muerte, fuimos cuando empezaba a atardecer.

Y tenia razón, la cuidad completa era un maldito caos, era mas que obvio que todos están infectados y probablemente lo mismo encontraríamos llegando En mi vida he sentido tanto miedo como el que sentí ahí, con la oscuridad comenzando a llenar las calles y con una población de come-carnes esperándonos para cenar en cualquier momento, casi todo el lugar estaba vacío, como es clásico en la películas, el fuego y los autos destrozados abundaban por todas partes, no eran muchos kilómetros, aun así debíamos correr lenta y sigilosamente, si la suerte aun seguía de nuestro lado cruzaríamos sin mucho problema, lastimosamente aun seguía pensando esto cuando la suerte nos abandonó.

Eran unos 50 parecían un pequeño desfile caminando por la calle, nos vieron y los vimos, fue cuando de nuevo la carrera empezó, 4 calles mas adelante giramos a la izquierda y seguimos corriendo tratando de dejarlos atrás o por lo menos perderlos, no tardamos mucho en encontrarnos con otra manada que deambulaba, no importaba hacia donde corriéramos o si los perdíamos, siempre encontrábamos a mas, incluso creo que llegue a distinguir que uno de los grupos era el mismo, era obvio que corríamos en círculos, apenas nos libramos del cuarto grupo le dije a Juan: "¿donde esta la casa de tus tíos? Él, tan asustado y cansado como yo trató de orientarse, levantó su dedo índice hacia el este (lo se por qué el sol ya se estaba ocultando del otro lado) y comenzamos a correr hacia allá, casi media hora después estábamos en la entrada de la colonia, oscura y sin un solo rastro de alguien q pudiera articular algo mas que un sonido gutural. Entramos caminando en total silencio, de alguna forma aun no podíamos hacer conjeturas de si el pueblo aun tenia habitantes, volteábamos a todos lados, solo una calle vacía con un par de coches y un autobús estacionados. "La casa de mi tía esta allá", no creo que haya palabras para expresar el intelecto de mi compañero, era mas que obvio que era para allá, si no no tendría ningún sentido haber cruzado corriendo por tanto tiempo, pero me conforme con seguirlo de cerca, el sol se empezaba a ocultar, si llegábamos a la casa tal vez podríamos descansar ahí lo suficiente para planear algo, era claro que al mundo ya se lo había llevado el carajo, aun así no podíamos esperar a que la muerte viniera por nosotros, debíamos hacer algo, aunque bueno, aun no llegábamos aun refugio.

Nuestros pasos seguían siendo sigilosos y muy lentos, si había zombies por ahí lo peor que podíamos hacer era llamar su atención, solo había q dar vuelta a la calle y en un par de minutos estaríamos a salvo… eso no iba a pasar…

miércoles, 1 de agosto de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 6

"Si hubiera una guerra nuclear, hay que buscar comunidades pequeñas, ellos nunca atacaran ahí"

No recuerdo muy bien a que venia esa conversación con mi padre, en ese momento me parecía totalmente estúpido que hubiera una guerra en México, pues tenia razón, ni era una guerra ni era sólo México. El mundo entero, hasta donde yo sabia, se había podrido, no me sorprende, si no iba a ser un apocalipsis zombie, de seguro seria otra cosa, el ser humano siempre tuvo ese deseo inalcanzable de destruirse a si mismo y al mundo que lo rodea, por fin ese sueño se volvía realidad. Pero de nuevo divago, veamos en donde estaba.

Oh! si: mientras seguía en aquella moto, mi mente recordaba las palabras de papá. tenia razón, debía buscar un lugar sin gente, si no había gente, tampoco zombies, lógico ¿no?, lastimosamente no pude avanzar mucho mas, a todos lados donde iba la que antes era gente me perseguía tan rápido como sus piernas les era posible, un tipo en silla de ruedas solo estiraba sus brazos tratando de correr sin que sus piernas respondieran.

No tarde mucho en tener que abandonar la moto por falta de gasolina y fue cuando empezó la carrera a pie, corriendo tan rápido como me era posible y escondiéndome a ratos para descansar, incluso un grupo de mujeres me persiguió por mas de 6 calles, como me hubiera gustado que eso pasara sin que quisieran desayunar mi hígado. La tarde estaba nublada cuando por fin pude atravesar los cerros, libres, casi completamente, apenas estaba subiendo uno cuando me encontré con Juan, era un tipo alto, mas o menos de mi edad, su mirada demostraba que era un tipo bastante duro pero aun así el miedo le había hecho mojar los pantalones, cuando me vio , lanzó un grito y corrió hacia a mi para embestirme, obviamente yo pensé que se trataba de uno de ellos así que corrí lejos de él en círculos, no es que sea lento, pero el no tardó nada en alcanzarme, cuando sentí que me iba a dar el primer mordisco, cerré los ojos y espere lo peor, él solo dijo: ¿Cómo te llamas?.

Recorrimos la ladera del cerro a suficiente distancia como para poder ver si alguien o algo nos seguía, mientras caminamos le conté todo lo que había vivido hasta ese momento. Él me habló de sus hermanas y su madre, todas muertas, cuando se dio cuenta de que debía huir dejó todo atrás igual que yo, corrió por horas sin saber a donde ir, incluso arrojó un perro contra ellos para que no se lo comieran, de cierta forma podía comprenderlo, podemos decir tantas cosas de lo que haríamos si cosas así pasaran pero en realidad sólo viviendo en carne propia la muerte, es como nuestros instintos primarios nos dictan hacer lo que sea para sobrevivir, yo tuve que pasar frente a mucho que morían, y aunque no empuje a nadie, tampoco intente salvarlos, de cierta forma parte de su muerte también era mi culpa.