La noche caía sobre nosotros y con ella nuestros miedos aumentaban, estábamos cerca de la casa que según Juan nos podría resguardar y proteger de esas cosas, por menos el tiempo suficiente para poder planear algo concreto. La luna llena se levantaba en lo alto, estábamos cansados y hambrientos, un baño y un poco de comida (quizás una cerveza) ya eran mucho pedir, pero sin duda los necesitábamos.
Habíamos recorrido lo que parecía cerca de la mitad de la colonia, dejando atrás casas y los pocos carros estacionados incluyendo el camión perfectamente estacionado al lado de la banqueta por donde caminábamos, supongo que era mas costumbre que seguridad, pero el ir caminando por la banqueta me hizo preguntarme por que diablos no íbamos por la calle, a fin de cuentas, no creo que hubiera muchos carros por ese lugar, a primera vista era notorio que con zombies o sin ellos, ese lugar era tan desértico como los cerros en los que habíamos estado por la tarde. Aun iba pensando en esto cuando al parecer Juan escucho algo, volteó rápidamente y si cara reflejó terror puro al grado de hacerme voltear a mi también, creí haber visto algo, mas no lo recuerdo con claridad, lo único que recuerdo fue el puño de mi compañero clavándose con fuerza debajo de mi costilla, el dolor fue tan intenso que caí al piso, era obvio, el maldito cobarde quería dejarme morir a mi suerte, él quería huir pero ¿de que? Lo cierto es que hasta el día de hoy no sé que pudo haber visto, sólo recuerdo que quiso correr con la misma dirección a la que nos dirigíamos, y entonces la vio.
Poco mas de un metro sesenta, complexión media, su cabello negro como la noche aunque un tanto alborotado aun caía sobre sus hombros, con ese cuerpo se notaba que hacia ejercicio y lo mas atractivo de ella eran esos labios que, aunque un poco pálidos, seducían la mirada e incitaban el deseo, mi mente ya alucinaba mientras que escondido debajo del camión observaba toda la escena: Se encontraron de frente, la mirada fija en los ojos, ella se acercó lentamente a el hasta que sus pálidos labios casi lo tocaban, para ese momento casi pude haber querido ser Juan de no ser por que ella terminó de acercarse para arrancarle con los dientes el labio inferior, él quiso correr pero ella era mas fuerte, ni siquiera lo dejó moverse cuando sus dedos se clavaron en su miembro haciéndolo sangrar enseguida, de su boca ensangrentada surgió un chillido similar al que hacen los puercos cuando los están matando, en el suelo comenzaba a formarse un charco de sangre, orina y algo que podría jurar era mierda. Pobre Juan, sufría de la muerte mas humillante que hubiera podido ver, y peor aun, yo no podría ayudarle, él ya pertenecía al mundo de los muertos.
Mientras al pobre tipo le chupaban hasta los huesos, aproveche el momento para salir corriendo tan rápido como pude, lastimosamente rapidez no significa sigilo, así que en cuanto esa chica me escuchó salió corriendo tras de mi, tan sólo unos 30 metros nos separaban y era obvio que no tardaría en alcanzarme, mi ultima oportunidad estaba en un portón blanco cuya puerta estaba abierta, no sabia que había del otro lado, pero era preferible a la muerte inminente que venia sobre mi, así que entré y cerré tan rápido como pude, no paso ni siquiera un segundo cuando la escuché estrellarse contra la lámina dura, en un acto reflejo voltee para saber a donde me había metido. Un patio y una casa era lo único que había, entré en ella para asegurarme de que no hubiera mas de esas cosas cerca, cuando por fin lo comprobé me dirigí a la cocina y busque algo de comer, un paquete de pan blanco sin destapar fue la respuesta a mis plegarias. Seguí caminando hasta llegar a un cuarto oscuro, una cama grande aunque un tanto dura, así como un escritorio y un ropero eran los únicos muebles de la habitación, sobre el escritorio había una laptop. Sin zombies, cómoda y no había tenido que pagar por ella, podría acostumbrarme, terminando me fui a la cama y toda la noche miré al techo sin poder dormir.
Esa misma mañana mi mamá había ido a trabajar, mi padre veía las noticias y mi hermano dormía en la cama… y yo tenía una vida que nunca aprecie hasta que la perdí por completo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario