miércoles, 1 de agosto de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 6

"Si hubiera una guerra nuclear, hay que buscar comunidades pequeñas, ellos nunca atacaran ahí"

No recuerdo muy bien a que venia esa conversación con mi padre, en ese momento me parecía totalmente estúpido que hubiera una guerra en México, pues tenia razón, ni era una guerra ni era sólo México. El mundo entero, hasta donde yo sabia, se había podrido, no me sorprende, si no iba a ser un apocalipsis zombie, de seguro seria otra cosa, el ser humano siempre tuvo ese deseo inalcanzable de destruirse a si mismo y al mundo que lo rodea, por fin ese sueño se volvía realidad. Pero de nuevo divago, veamos en donde estaba.

Oh! si: mientras seguía en aquella moto, mi mente recordaba las palabras de papá. tenia razón, debía buscar un lugar sin gente, si no había gente, tampoco zombies, lógico ¿no?, lastimosamente no pude avanzar mucho mas, a todos lados donde iba la que antes era gente me perseguía tan rápido como sus piernas les era posible, un tipo en silla de ruedas solo estiraba sus brazos tratando de correr sin que sus piernas respondieran.

No tarde mucho en tener que abandonar la moto por falta de gasolina y fue cuando empezó la carrera a pie, corriendo tan rápido como me era posible y escondiéndome a ratos para descansar, incluso un grupo de mujeres me persiguió por mas de 6 calles, como me hubiera gustado que eso pasara sin que quisieran desayunar mi hígado. La tarde estaba nublada cuando por fin pude atravesar los cerros, libres, casi completamente, apenas estaba subiendo uno cuando me encontré con Juan, era un tipo alto, mas o menos de mi edad, su mirada demostraba que era un tipo bastante duro pero aun así el miedo le había hecho mojar los pantalones, cuando me vio , lanzó un grito y corrió hacia a mi para embestirme, obviamente yo pensé que se trataba de uno de ellos así que corrí lejos de él en círculos, no es que sea lento, pero el no tardó nada en alcanzarme, cuando sentí que me iba a dar el primer mordisco, cerré los ojos y espere lo peor, él solo dijo: ¿Cómo te llamas?.

Recorrimos la ladera del cerro a suficiente distancia como para poder ver si alguien o algo nos seguía, mientras caminamos le conté todo lo que había vivido hasta ese momento. Él me habló de sus hermanas y su madre, todas muertas, cuando se dio cuenta de que debía huir dejó todo atrás igual que yo, corrió por horas sin saber a donde ir, incluso arrojó un perro contra ellos para que no se lo comieran, de cierta forma podía comprenderlo, podemos decir tantas cosas de lo que haríamos si cosas así pasaran pero en realidad sólo viviendo en carne propia la muerte, es como nuestros instintos primarios nos dictan hacer lo que sea para sobrevivir, yo tuve que pasar frente a mucho que morían, y aunque no empuje a nadie, tampoco intente salvarlos, de cierta forma parte de su muerte también era mi culpa.


 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario