lunes, 25 de octubre de 2010

Una Historia Sin Titulo: 3ra parte

...mi cuerpo no resiste la sensación del agua que aun se encuentra dentro de mí y vuelvo a desmayarme, no sin antes abrir los ojos y ver esa calle oscura…

CAPITULO III

Conocí a mi novia un día de primavera, no paso mucho tiempo antes de que me diera cuenta de lo importante que sería en mi vida, así que me dedique a cultivar lo que había comenzado como una amistad y que poco a poco se había convertido en amor. La amaba… la amaba mucho. Nos costaba mucho trabajo estar separados grandes lapsos de tiempo así que optamos por vivir juntos, para acostumbrarnos y ver cómo funcionaban las cosas, y valla que funcionaban bien. A pesar de mi trabajo y de que ella aun seguía estudiando, teníamos los fines de semana libres solo para nosotros, la mayor parte de estos días la aprovechábamos para quedarnos en casa haciendo cualquier cosa, un día simplemente decidimos ir al cine…

Hago lo peor que pude haber hecho…despierto.

Toso expulsando el agua que aun se encuentra alojada en mis pulmones, mi cabeza, aturdida gracias a las emociones, sueños y fatigas sufridas, me late como si quisiera salirse de mi cráneo, la mano aun me arde y siento el resto de mi cuerpo hecho trizas, aun así me levanto y logro darme cuenta de que mi última visión es cierta: estoy otra vez en esa calle oscura, no lo puedo creer, todo es igual a hace 2 meses, exactamente igual, tengo un montón de emociones encontradas: miedo, desesperación y esa extraña sensación de odio a mi mismo que creí por fin había desaparecido. Ya no soporto mas, quiero morir, ya no puedo sufrir más… estoy equivocado. A lo lejos distingo sombras, son tres, dos que parecen pelear y una tercera que se haya detenida como si no supiera que hacer mas que algunos ademanes con las manos.
Por fin los reconozco, por fin es muy tarde, por más que trato de correr a toda velocidad no logro llegar a tiempo para que esa maldita pistola no se dispare.
Se escucha como si una bomba atómica nos hubiera caído encima.

Silencio.

Su cuerpo cae, cada vez más lento, hasta casi detenerse por completo, siento mi corazón helarse al ver su mirada totalmente dirigida hacia mí. Lloro, grito: “por favor, ya no más!!!”, rasguño mis brazos arrancándome la piel, sus ojos no dejan de mirarme, veo esos 2 hermosos luceros y me tiro al suelo golpeándome la frente contra el asfalto duro y empiezo a sangrar; trato de verla una vez más, pero ya no es posible, de nuevo estoy tirado en el piso del vagón del metro, miro hacia todos lados como un loco, oigo la voz de la bocina que está al lado de la puerta: ”las siguientes estaciones tendrán el mismo destino”.

Yo no, ya no aguanto, sinceramente, ya no aguanto.

viernes, 22 de octubre de 2010

Una Historia Sin Titulo: 2da Parte

...“tu final…es tu decisión”, mi sangre se hela, mi corazón late muy rápido y muy fuerte, la boca me sabe raro, mis ojos se nublan, no siento los brazos, mis piernas tiemblan y por fin, en un acto de misericordia de mi propio organismo, me desmayo…

CAPITULO II

“Que fraude!!!” decía mi novia justo en el momento en el que comenzaban los créditos finales de la película y la gente había empezado a salir. Era cierto la película había sido muy mala, tanto como para pedir la devolución de mi dinero, pero al fin, yo ya había gastado y la película, con todo y que era horrible, ya había sido vista, así que terminada la función, decidimos volver caminando… es increíble como las pequeñas decisiones son capaces de acabar con tu vida en un santiamén.

Por fin despierto, el metro sigue en movimiento, dudo que hayamos llegado aún a la siguiente estación, el vagón sigue vacio, incluso la joven de hace un momento ha desaparecido. Solo estaba yo, tirado en el piso de un compartimento viejo del metro dirección Constitución de 1917, solo… completamente solo.

De seguro fue una alucinación, mi cerebro ya no funciona bien, después de todo, el también tenía derecho a resquebrajarse en pedazos, comienzo a reír, rio a carcajadas, aunque esa risa de pronto desaparece, miro a través de una de la ventanillas y las paredes comienzan a llenarse de una luz roja, muy intensa, tan intensa, que no tarda en llenar el espacio en el que me encuentro, la luz no me preocupa, lo que me preocupa es el calor que produce, es sofocante, ya no puedo respirar, siento que me quemo, golpeo los vidrios, pero no se rompen, pateo los asientos y noto como se deforman debido al calor, me sostengo del tubo y siento como intenta soldarse a mi piel, la luz, aunque no sé de donde viene, se vuelve más intensa a cada momento, hasta que llega al punto en el que siento arena caliente en los ojos y no veo otra cosa más que esa luz roja, la cual empieza a oscurecerse poco a poco… y de nuevo se vuelve, una pared oscura a través de una ventanilla, por fin reacciono, otra alucinación?

Lo sería si no fuera porque tengo un dolor muy fuerte en la mano y descubro que esta quemada, con la impresión del tubo pasamanos en ella, esto no es una alucinación, nada lo es, esto es real, pero porque a mí? Ni siquiera puedo terminar de plantear la pregunta cuando un leve goteo empieza a caer desde uno de los ventiladores, es un goteo leve, apenas perceptible, por lo menos antes de convertirse en un ligero chorro, el solo sonido del agua cayendo me desespera, mis nervios están de punta, tengo miedo, la desesperación se apodera de mi, ya no resisto ese maldito ruido. Qué?, O Quien?, O Quienes me están haciendo esto?, Que quieren de mi?, Que es lo que quieren?. Al parecer responden a mi pregunta, el chorro leve comienza a convertirse en algo más grande hasta formarse un caudal que rápidamente llena el vagón y me sumerge, sostengo la respiración, aunque no por mucho tiempo, desesperadamente busco una salida, lo único que se me ocurre es patear la ventana, no pierdo tiempo y lo hago. Esto podría acabar de 2 formas: o la ventana cedería y me liberaba o mi organismo no soportaría y moriría allí. Golpeo el vidrio con todas mis fuerzas, pero mis golpes, aminorados por la presencia del agua, no logran su objetivo, al aire me falta, mis ojos se vuelven a nublar, siento el agua entrando en mis pulmones a través de mi boca y nariz, cierro los ojos, se me va la vida de las manos, lanzo un último intento de romper la ventana, y esta vez da resultado. El agua comienza a salir arrastrándome con ella hasta tocar el piso, que extraño, después de una caída de un tren en movimiento cualquiera diría que lo que sigue es la muerte o algo aproximado a eso, sin embargo todavía me sostengo en mis rodillas y sigo consciente, por lo menos un momento, lo suficiente para que logre percibir el ruido lejano de unos autos, mi cuerpo no resiste la sensación del agua que aun se encuentra dentro de mí y vuelvo a desmayarme, no sin antes abrir los ojos y ver esa calle oscura…

lunes, 18 de octubre de 2010

Una Historia Sin Titulo: 1ra parte

CAPITULO I
Garibaldi, 5:00 de la mañana. El primer día de mi nuevo trabajo, me costó mucho esfuerzo volver a empezar, vivir otra vez. Nunca me atreví a regresar a mi antiguo empleo, mis cosas fueron enviadas a los pocos días e inmediatamente las queme. Mi empleo, mis cosas, de nada me sirve tenerlos, solo atraen malos recuerdos, solo atraen visiones del pasado. Es increíble, ya han pasado 2 meses y aun lo recuerdo todo nítidamente: Era de noche, volvíamos de ver una película en el cine, éramos felices, un tipo nos detuvo, saco una pistola, creí que era de juguete, me pidió mi cartera y reloj, no se los di, forcejeamos… Aun recuerdo las palabras de mi novia que entre llanto y gritos me decía: “ya, déjalo, por favor, déjalo que se la lleve, TE AMO…”, se escucho una explosión, como si una bomba atómica nos hubiera caído encima.
Silencio.
Sentí como se detenía el tiempo al ir cayendo lentamente su cuerpo hasta estar totalmente tendida en el piso. Miles de pensamientos inundaron mi mente.
Si no hubiéramos ido al cine, si hubiéramos visto una película más larga o más corta, si no hubiéramos regresado caminando, si le hubiera entregado al sujeto lo que quería. En mi cartera no tenía ni siquiera quinientos pesos, el reloj no valía mucho, pero mi maldito orgullo puso más que mi razón y ahora el ser que más he querido en este mundo está muerto.

Garibaldi, 5:00 de la mañana. El tren de la primera corrida está totalmente vacío, eso no me sorprende, no muchos toman esta línea, y menos a las 5 de la mañana, pero si ese es el precio que tengo que pagar para no volver a la antigua oficina, supongo que está bien. Abordo el tren y tomo asiento en uno de esos lugares para discapacitados, cierro los ojos y me quedo un momento dormido. De pronto me despierta un salto un salto del vagón, no perdí mucho, solo el sueño, pero ya hace mucho que lo perdí, el tren sigue en movimiento y yo trato de despejar mi mente, muchos recuerdos, mucho dolor.

Una corriente de aire frio roza mi mejilla, debieron dejar una ventana abierta, la busco para poderla cerrar… y mis ojos se encuentran con los suyos…

Es una chica, quince, tal vez dieciséis años de edad, que raro, nunca la vi subirse, supongo que mi mente está demasiado saturada para captar lo que me rodea, no importa, tal vez ella tampoco se había dado cuenta de mi presencia. Después de unos instantes de verme se levanta de su asiento, tiene una cara hermosa, aunque su ropa deja mucho que desear, por su vestimenta cualquiera diría que saqueó el armario de su madre, le presto demasiada atención a sus prendas, tanta que no me doy cuenta de su mirada fija en mi, sus ojos negros, contrastados en su cara que, aunque morena, se ve pálida, penetran cada fibra de mi ser, no deja de caminar hacia mí, sus ojos no dejan de verme, me estremezco, no soporto esa mirada, esos ojos; su sola presencia que hacia un momento me parecía linda, ahora me provoca terror, abre su boca, al parecer trata de decirme algo, pero las palabras no le salen y es entonces cuando me percato de algo…

Aun no hemos llegado a la siguiente estación, cuánto tiempo habrá pasado? Tal vez ya más de diez minutos. El tren nunca se dejo de moverse o por lo menos eso es lo que yo pienso, ya no tengo conciencia del tiempo, por ahora toda mi atención está centrada en los ojos de ese chica y en sus labios, que, aun estado abiertos, no pronuncian palabra alguna. Y por fin la oigo, pero la oigo en mi mente, su boca está abierta, pero no dice nada, mis oídos no escuchan nada, es como si solo oyera pensamientos, siento sus palabras en mi cabeza: “tu final…es tu decisión”, mi sangre se hela, mi corazón late muy rápido y muy fuerte, la boca me sabe raro, mis ojos se nublan, no siento los brazos, mis piernas tiemblan y por fin, en un acto de misericordia de mi propio organismo, me desmayo…