sábado, 22 de diciembre de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 13

Lo logré… por fin lo logré…

Tengo tantas cosas que contar que no se por donde iniciar, así que creo que lo hare por el principio.

Después de juntar todos los materiales y herramientas que encontré en la tlapalería y el tianguis, me puse a pensar que haría con ellos. Tenía en mí poder kilos y kilos de tuercas, tornillos, rondanas y cosas así, separé del montón 6 clavos enormes, ya sabia en que los iba a utilizar: tomé el bate de madera que había encontrado semanas atrás y con ayuda de un martillo atravesé los clavos en la punta, en algunas partes la madera comenzaba a quebrarse, así que enrollé con cinta aislante y una cadena de perro que encontré tirada. El bate era mucho mas pesado, más raro, mucho más letal y muy demente, ideal para mí.

Lo siguiente fue la pólvora y los metales. Recordé mis tiempos de preparatoria y de aquel tipo que conocí, uno de esos "rebeldes" que practicaba el activismo estudiantil. No era otra cosa que un niño creyéndose que por hacer desmadre el mundo iba a ser a su manera, el mundo se había hecho a la manera del apocalipsis, no había política, no había protestas, no había sociedad hipócrita queriendo cambiar su ridículo status, solo había sangre, mierda e intestinos por las calles que ya solo eran habitadas por gente sin el mas mínimo pensamiento. Pero bueno volviendo a aquel tipo, a pesar de que me caía tan bien como un licuado de fresa con sosa cáustica, de alguna forma aprendí de él el bello arte de la fabricación de petardos, sólo un par de monedas o de metales pequeños y un poco de pólvora. Bueno pues ya tenia los ingredientes en cantidad suficiente como para volarle el culo a un dinosaurio así que era momento de construir los proyectiles, aun no terminaba los primeros cuando me di cuenta de lo estúpido que era intentar matar a esas cosas con armas diminutas, tres palomas de a peso les harían mas daño que mis petardos, así que después de mucho pensarlo decidí usar el mismo concepto pero en un tamaño diferente, 2 días después tenia 5 explosivos de mas de medio kilo y el tamaño de un coco, sólo había que probarlos, estuve muy de suerte por aquellos días, no hubo manadas por mas de una semana, el tiempo suficiente para probar y decidir si eran lo suficiente para realizar una defensa en la que yo no acabara devorado. Tomé un petardo y fui a la casa de enfrente, como la mayoría de las casas, tenia la puerta abierta, en los últimos días ya nadie se preocupaba por que alguien pudiera entrar a sus casas a robar, cosa que de por si ya era ridícula. Entré a un patio pequeño y seguí caminando, ya conocía la casa, mas de una vez entré a buscar cosas que pudiera usar, como en casi todas las casas, no encontré nada útil, aun así parecía el lugar propicio para hacer un experimento. El ultimo cuarto estaba a unos 15 metros de la entrada, era una habitación, al parecer de una niña, antes de llegar estaba una recamara mas, el baño y una cocina pequeña, a la calle daba la puerta principal y una pequeña accesoria, llegué al cuarto donde haría la prueba, saqué un petardo y lo puse en el suelo, prendí la mecha y salí corriendo tan rápido como pude, no había forma de saber de que magnitud seria la explosión o de si siquiera funcionaria, pero lo mejor era que, por las dudas, estuviera lo mas lejos de ahí. Apenas había llegado a la puerta de la entrada cuando explotó, sentí un temblor bajo mis pies, al parecer el haber corrido había sido una buena decisión, cuando regresé, el humo me impidió ver cualquier cosa, así que tuve que esperar un par de minutos hasta que se disipara y me dejara observar el producto de lo que había hecho. El cuarto estaba deshecho, la mitad de la cama se había despedazado, al igual que un ropero con un par de osos de peluche encima de él, había piezas de metal en el suelo, otras más se habían encajado en las paredes. El experimento estaba terminado, ya tenía lo suficiente para acabar con ellos, esta misma tarde pasó…

Apenas había subido una puerta de lámina al techo cuando vi a lo lejos a una manada que se acercaba, era el momento. Colgué ,con ayuda de unos clavos y el martillo, un trozo de tela hecho trenza en el filo de la saliente del techo, atado a esta estaban en fila 4 petardos gigantes y 3 bombas molotov, aunque eran pesados, la tela humedecida con gasolina, soportaba bien, acomodé el martillo en mi cinturón, estaba todo listo. Unos 30 zombies, todos jóvenes, entre 15 y 18 años aproximadamente, casi todos con pantalones que antes eran blancos y playeras con motivos brillantes, cortes de pelo ridículos, al parecer les iba mejor siendo zombies, por lo menos ahora lo eran por una infección y no por la moda, por un momento me compadecí de ellos, igual ya estaban muertos, y si no quería estar igual que ellos era momento de actuar. Era yo, parado con un bate en mi mano frente a un público que reclamaba mi carne, el espectáculo estaba a punto de iniciar.

Prendí uno de los lados de la trenza de tela y el fuego se corrió enseguida, encendiendo las mechas de los petardos y de las molotov, corrí hacia abajo y me oculte en un cuarto, todo empezó a explotar de manera violenta, vi como los metales salían volando hacia el cielo y tardaban segundos en regresar a la tierra, no tenia ni idea de que pasaba afuera pero estaba seguro de que estaba funcionando. Conté las explosiones, al dar la última y en cuanto me aseguré de que no caerían más metales, corrí a la calle con el bate en la mano, el humo y el fuego aun lo cubrían todo, aunque el aire comenzaba a despejar mi visión. Era increíble que con tan pocos explosivos había causado un daño tan grande, casi todos estaban tendidos en el suelo, el charco de sangre y tripas llegaba a mis pies, la costumbre y un estomago duro me ayudaron a no vomitar, la mayoría ya no se movía, apenas 3 estaban de pie, unos 7 trataban de levantarse, el piso aun ardía. Mis prioridades eran obvias: primero los 3 que seguían parados, los daños en ellos eran casi nulos, después los que trataban de recuperarse, tenia que cuidarme de ellos, a pesar de sus heridas no sentían dolor y uno podría arrastrarse hacia mi y morderme, todo había que hacerlo lo mas rápido posible, el fuego podría alertar a otros que estuvieran cerca y estando afuera no había molotovs ni petardos que me ayudaran. Corrí tan rápido como pude hacia los que seguían de pie, en el camino encontré uno que, con las manos apoyadas contra el suelo, intentaba levantarse, mi pie se estrelló contra su cara derribándolo de nuevo, pude sentir el crujir de sus huesos, seguí de frente hasta topar con mi presa, ni siquiera lo pensé, antes de llegar mis manos ya estaban preparando el golpe, dejé caer sobre su cabeza el bate, los clavos se incrustaron en su cabeza hasta el fondo, su rostro ensangrentado se deformó para luego dar contra el pavimento, tuve que hacer palanca para poder despegar el bate del cráneo de ese sujeto, apenas lo había logrado cuando una mujer se abalanzó sobre mí, mas por instinto que por deseo mis brazos soltaron un golpe lateral que hizo que mi arma se incrustara en su mejilla izquierda, llena de sangre y maquillaje cayó al suelo, aun moviéndose, di un tirón al mango y salió con carne, dientes y un sonido combinado entre un grito y el crujir de huesos, un impacto en la sien acabó con ese sonido, de nuevo intenté hacer palanca para sacar mi herramienta, pero se había atascado, el tercero ya venia hacia mí, el bate ya no era opción, cuando pensé que tendría que pelear a mano limpia, recordé el martillo en mi cinturón, sé que es estúpido pero lo había olvidado, con la adrenalina había dejado de pesarme en la cintura, lo saqué justo a tiempo para insertar la uña del martillo en la cara del tipo, dio un par de pasos atrás y cayó, la herramienta se desprendió y fue a dar a un lado, corrí hacia él, al verle la cara pude observar que el golpe había caído en el tabique nasal haciendo que la nariz se separara y quedara colgando de el labio, levanté mi pie y comencé a pisar su cara, tan duro como me era posible, debajo de la suela podía sentir como la cara se le iba sumiendo y volviéndose una masa viscosa, me aseguré de que no se levantara, fui por el bate, aun estaba incrustado en la cabeza de la mujer, puse mi pie sobre su hombro y jalé tan duro como pude, el cráneo se le partió en 2, en uno de los clavos se había quedado un pedazo de hueso pegado aun con parte del cerebro, curiosamente la imagen no me produjo ningún asco, estaba jadeando sin darme cuenta, al parecer la adrenalina se me había subido hasta el tope, respiré mas tranquilo, aunque todavía no acababa con ellos.

Los que fueron derribados por las primeras explosiones seguían en mi lista de prioridades, el fuego y el humo seguían en el ambiente, a pesar de eso podía ver a todos ellos con claridad. Cuando salí de la casa pensé que por lo menos unos 7 u 8 seguían moviéndose en el piso, ahora solamente eran 2, el primero tenia las piernas despedazadas y no podía mover el cuerpo, una vez el bate en su cara dejó de moverse por completo, el segundo fue aun mas raro, cuando llegué a él, comenzó a convulsionarse, no pasaron ni siquiera 15 segundos cuando se quedó quieto, no puedo asegurar nada, pero tal vez murió por la perdida excesiva de sangre. Al final, yo era el único ser vivo en el lugar, cansado, adolorido, y con el cuerpo lleno de sangre y demás fluidos. Pero no estaba solo.

A unos 40 metros pude ver de nuevo a la chica que se comió a Juan, al parecer no se había ido, no entendía porque o donde se había escondido, pero de alguna forma me alegraba verla ahí, es de esas mujeres que tan solo con verla, aunque sabes que de alguna forma te dejaran hecho trizas, aun así te hace feliz que este ahí. La observé un par de segundos correr hacia mi, le apunte con el bate y con una sonrisa dije: "por hoy, puedes vivir". Me metí caminando a casa, cerré la puerta y un instante después un golpe la estremeció. Así es ella, me busca para devorarme, desaparece mucho tiempo haciéndome extrañarla y al final vuelve.

Estoy muy cansado, sólo quiero un baño e irme a dormir…

domingo, 4 de noviembre de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 12

Maldición, vaya que estoy cansado, llevo casi 3 semanas en esto, los primeros días fueron terribles, los brazos y las piernas me dolían como el carajo, ya me acostumbre a eso. Pero bueno, creo que debería contar todo desde el principio, o por lo menos desde lo que paso después de la última anotación.

Pues tengo una zombie sin ojos en la cocina de la casa de atrás, no he querido entrar para revisar como esta, si se muere de hambre ahí, para mi mejor, aun que creo que eso no pasara, no se cuanto tiempo puedan estar sin comer pero se nota que no requieren de muchos recursos para seguir viviendo. No sé, tal vez sea que ya enloquecí pero creo que tendré que alimentar a la mujer por lo menos una vez a la semana para que siga de pie, decir viva seria un halago, pero creo que eso tendré que hacer, a fin de cuentas, encerrada entre cuatro paredes, sin vista y con alimentación al mínimo no debería ser muy peligrosa, por lo menos no tanto como los que aun rondan afuera. Así que dejare que siga existiendo, después tendré que estudiarlos mas afondo si quiero encontrar una manera efectiva de acabar con ellos. Por mientras, creo que encontré una manera bastante decente de matar zombies.

Bueno, pues a empezar a narrar: dos días después de lo que pasó me aventuré a salir al exterior, si quería encontrar algo que pudiera ayudarme era obvio que tenia que salir de ese pueblo desierto, en las casas no había nada de utilidad, había que ir más lejos. Al salir del pueblo me encontré con un dilema, no sabia si volver por el camino por donde llegué con Juan hace unos meses, o debía tomar otra ruta y perderme por ahí. Analicé pros y contras de cada camino, el primero tenia la ventaja de que ya conocía la ruta o por lo menos tenia noción de él, además llegaba a una cuidad donde seguramente podría encontrar un montón de cosas para defenderme, el problema era que al ser una cuidad tan grande, seguramente mas de una manada andaría rondando esperando el momento de chuparme los huesos; el segundo camino no tenia ni idea de a donde iría a dar, tal vez llegaría a algo peor de lo que ya había visto, o tal vez encontraría una ametralladora con suficientes balas como para acabar con esta pesadilla, eso era algo exagerado, pero tan sólo pensarlo me daba ánimos para seguir adelante. Terminé decidiéndome por el segundo camino, con la suficiente precaución y observación, podría darme cuenta si algo iba mal, así que me equipe con 3 molotov, un par de encendedores y una mochila, no era mucho equipo pero viajar ligero en ese momento era muy importante, había programado aproximadamente 2 horas de camino, ida y vuelta, eso me daría oportunidad de avanzar por lo menos un par de kilómetros a paso rápido, así que salí con mucho cuidado tratando de esconderme lo mas posible, observando todo, tratando de no pasar por las esquinas para evitar una sorpresa desagradable, iba a paso lento pero seguro, saliendo de la zona que yo conocía comencé a avanzar mas cautelosamente, además del miedo los zombies ahora también me ponían de nervios los lugares desconocidos, pase frente a varias casas, decidí no entrar a ninguna, eran demasiados problemas, perdería tiempo valioso a cambio de quizás no encontrar nada o hasta que una de esas cosas estuviera escondida por un rincón y me atacara, debía seguir explorando hasta encontrar un lugar donde hubiera algo útil, no tarde mucho en encontrar el lugar perfecto: una tlapalería, no muy grande pero estaba seguro de que encontraría algo interesante. De nuevo estaba en una encrucijada, podía entrar a la tlapalería y arriesgarme a encontrar cualquier cosa ya fuera herramientas y armas o un montón de muertos vivientes, por otro lado, podría seguir caminando y tal vez encontraría algo mas, me decidí por esto último, al fin que la tlapalería no se iba a mover de ahí. Caminé varios minutos mas buscando algo mas, no estaba seguro de que, pero cualquier cosa que pudiera utilizar era bienvenida, hasta que di en la entrada de una especie de mercado, todos los locales cerrados, o tenia ni idea de que se vendía ahí, la curiosidad me ganó y me metí a abrir uno de los puestos. Quien diría que Tultepec es un pueblo cohetero, el mercado estaba repleto de todo tipo de fuegos artificiales, eso significaba una cosa… pólvora, suficiente pólvora para volar a los malditos. Había encontrado una mina de oro, el problema ahora era trasportarlo.

Estaba en estos pensamientos cuando un tipo bajito y gordo se apareció frente a mi, los dientes podridos y de la nariz le chorreaba un liquido transparente bastante asqueroso, apenas me vio, se echo a correr sobre mi, pensé en arrojare una molotov, inmediatamente abandone ese pensamiento estúpido, una bomba de gasolina nos haría volar a él y a mi y a todo el mercado, corrí hacia el puesto que estaba atrás de mi y me posicione en la esquina contraria a donde estaba el otro, levante la puerta que cubría la mitad de arriba del local sujetada por un par de bisagras agarradas al techo, espere a que pasara por debajo y la dejé caer tan fuerte como pude, le cayó directo en la cabeza, subí de nuevo la puerta y la volví a azotar, lo hice otras 4 veces hasta que el tipo perdió fuerza y fue cayendo con la cabeza sangrando de varios puntos, quedo recargado de la parte baja del local de ladrillo, esperé un momento para tomar aire y asegurarme de que ya no se movía, lo tomé por el pelo y estrellé su cabeza contra el muro otras 3 veces para asegurarme de que estaba bien muerto, ahí quedó tirado en el piso, y yo seguí con mi plan. Necesitaba como llevar tanto como pudiera de alguna forma, en la mochila no iba a caber mucho, volví a la tlapalería, había olvidado que también ahí podía encontrar varias cosas. Entré con mucho cuidado no sin antes haber tirado desde afuera una lata que me encontré tirada, al ver que nadie salía pasé, me ´pase buscando media hora por todos lados, no había pistolas ni cuchillos, realmente había muy poco, pero por lo menos había una carretilla en muy buenas condiciones. Regresé al mercado y cargué tanto como pude hasta desbordar la carretilla, pesaba una tonelada pero era necesario hacer todo en el menor número de vueltas posibles, de nuevo en la tlapalería ya con una carga de cohetes, revisé de arriba abajo tomando cualquier cosa que pensara me podría servir mas adelante, y lo mismo hice los 4 días siguientes.

El problema era la pólvora, fue un esfuerzo de semanas sacarla de todos los cohetes, había que hacerlo con muchísimo cuidado para que no prendieran, al final, después de una montaña de basura, pude sacar más de cuatro botes llenos de pólvora y una buena cantidad de mecha para encenderla. Después de eso, regué todas las piezas metálicas que encontré en el primer negocio: tuercas, tornillos, rondanas, etc., eso y seis clavos enormes me hicieron sonreír… creo que tengo una imaginación muy sádica…

jueves, 11 de octubre de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 11

No puedo dormir, no después de lo que pasó. Aún trato de explicármelo pero no entiendo, estaba seguro de que no me seguían, supongo que me confié de más, eso casi me costó la vida.

En la tarde fui a llenar el generador, si quiero tener refri, un poco de luz y la tele, esta se vuelve una tarea indispensable, fue por eso que tuve que encontrar una gasolinera, cubetas y un par de tambos, ahora tengo suficiente gasolina como para no tener que reabastecerme por un mes. Salí con una cubeta llena de gasolina y una manguera, era algo que ya había hecho varias veces así que no considere necesario llevar nada más… que estúpido.

No había visto movimiento en cinco días. No habría ningún problema en salir y volver, en menos de veinte minutos estaría de nuevo en casa para disfrutar de una deliciosa sopa instantánea, recorrí la silenciosa calle hasta la esquina, di la vuelta y seguí caminando. El generador se encuentra en una casa casi detrás de la mía, separada por una barda muy gruesa, nada podría pasar por ahí. Ahí, en un cuarto cerrado bajo llave, se encuentra el generador que da energía a los aparatos de mi casa, tuve que usar mas de 10 extensiones para poder llegar hasta los aparatos, y un par mas para darle iluminación a algunos cuartos, claro siempre revisando que la luz no diera al exterior, incluso tuve que tapar con cobijas las ventanas para que la luz no pudiera salir, lo puse ahí por el ruido que hacia, aunque este aislado y las paredes amortigüen muy bien el sonido, no podía confiarme en que esas cosas no tuviesen un buen oído y si lograban encontrar el generador yo no estaría ahí para que me devoraran.

No tardé mucho en llenar a tope en tanque y aun sobraba un poco de gasolina, siempre sobraba, al principio jugaba con ella llenando botellas y haciéndolas algo parecido a los cocteles molotov, incluso había puesto pedazos de trapo a algunas en forma de mecha, aunque considere ese pasatiempo como inútil y mejor opté por regresar con la gasolina a casa. Salí del cuarto sólo para encontrarme con una visión espeluznante, la cena estaba servida… y yo era el plato principal.

Eran 2, hombre y mujer, no mayores a 20 años, quizás pareja, eso no tenia forma de saberlo. Él era moreno, delgado, y bastante feo, caminaba arrastrando el pie derecho roto e infectado, tenía un poco de cabello por encima de las orejas, pero la parte mas alta de su cráneo sin un solo pelo, tal vez por que faltaba completamente la piel de la mollera, arrancada como en las películas de indios que cercenaban el cuero cabelludo de sus adversarios para conservarlo como trofeo, ese mismo trofeo le había sido arrancado a aquel hombre dejando ver algunos manchones de carne roja cubriendo un hueso que ya estaba visible. Ella, aunque joven, se podía imaginar que muerta se veía mejor que viva, su cara un tanto simiesca y un clásico caso de "cuerpo" de luchador era lo mas notorio, además de las cicatrices en brazos y piernas, muchas de las cuales aun no cerraban, y de su rostro con un agujero del que salía un hilo carnoso donde debería ir el ojo. Ambos estaban ahí para comerme, cualquiera que fuese el plan, tenia que ponerlo en acción, y sin plan lo único que pude hacer fue improvisar.

La cocina estaba a unos cuantos pasos, y aunque no había ni un cuchillo o algo que me pareciera útil era mejor que quedarme ahí parado esperando a que me mataran, corrí tan rápido como pude con esas cosas detrás de mi, la primera entrar a la cocina a unos metros de distancia fue ella, el otro estaba mas lejos y era mas lento debido a que le costaba demasiado caminar con el pie roto. No había nada en la mesa, ni en estante pegado a la pared, pronto vería mis tripas de fuera si no hacia algo antes, en la barra del lavabo encontré mi respuesta en forma de milagro, un tenedor tirado, aun con rastros de comida de hace mucho tiempo, apenas tuve tiempo de tomarlo, para cuando voltee ya tenia de frente a menos de medio metro a la mujer con los brazos estirados hacia mi. el punto de ataque era obvio, encaje el tenedor en su ojo bueno, soltó un grito mas por reflejo que por dolor, eso me dio tiempo suficiente para apartarla con un empujón, cayó hacia atrás mientras seguía gruñendo y gritando, totalmente ciega, ya no representaba un peligro inmediato, estaba a punto de suspirar aliviado, cuando el otro saltó sobre mi, tirándome al suelo, trato de agarrarme del brazo, por suerte su mano solo tenia 3 dedos, no me costó trabajo zafarme para salir corriendo, así como a él tampoco le costó trabajo levantarse para seguirme, corrí tan rápido como pude a la entrada principal, no tenia ni idea de como quitármelo de encima, mi vista se dirigió entonces hacia el suelo, una molotov tirada en una esquina era mi salvación, sin disminuir la velocidad me agache un poco para tomarla y seguir ya perseguido por alguien demasiado veloz para tener un pie inservible, aun así no importaba tenia en mi mano el arma para acabar con él, una botella que serviría como la bomba incendiaría perfecta… de no ser por que no tenia con que prenderla. Todos los encendedores estaban en casa, el tiempo se me agotaba. Entré a la primera casa que vi esperando encontrar por lo menos un paquete de cerillos o un encendedor, cuando llegué a la cocina cerré la pequeña puerta de madera corriente, apenas había girado el cerrojo cuando el golpe secó retumbó hasta las bisagras, la puerta no iba a resistir mucho así que me dediqué a buscar en cajones y repisas, en una de ellas encontré una caja de cerillos nueva. Había un nuevo problema: arrojar la bomba ahí significaba que yo también moriría quemado, tenía que salir, prender la mecha y matar al zombie. Se escribe mas fácil de lo que fue, esperé a lado de la puerta esperando a que se venciera, no tardó demasiado en cuartearse la madera y reventar en pedazos, apenas entró lo recibí con una patada en la pierna buena, fue lo suficientemente fuerte para tirarlo y poder salir. Ya afuera prendí la mecha y esperé a que el tipo se levantara y viniera tras de mi, cuando lo tuve a suficiente distancia lancé la botella pegándole en el pecho y prendiéndolo al instante, sonreí un momento, antes de darme cuenta de que lo único peor que un zombie persiguiéndote, era un zombie en llamas persiguiéndote. Totalmente exhausto tuve que seguir corriendo durante 5 minutos mas hasta que el cuerpo calcinado se detuvo, cayó de rodillas y tendió su cara contra el pavimento. Lo había conseguido.

Apenas estuve seguro de que lo había matado, apagué los restos con un poco de tierra que encontré en macetas, puede que el fuego sea efectivo, pero también llama mucho la atención, y yo ya no quería mas de ellos cerca de mi. Terminando corrí a casa, me desvestí y estuve cerca de una hora revisándome para cerciorarme de que no habían heridas de consideración, solamente unos cuantos arañazos que obviamente me hice en la pelea, pero ni rastro de cualquier cosa que pudiera infectarme, me escondí en el baño y no he querido salir, tengo miedo incluso de ver mi propia casa.

Pues no más, si estoy decidido a seguir viviendo, también tendré que estar decidido a matarlos, no voy a dejar que sigan torturándome en vida… Es hora de empezar a pelear…

domingo, 9 de septiembre de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 10

Cada vez es mas difícil sobrevivir a un mundo así, el agua escasea, igual que los alimentos, incluso tuve que cambiar las botanas de queso por pequeños montones de azúcar. No hay mujeres, no es que ante tuviera una vida sexual muy activa, pero en estos meses por mas que he buscado desesperadamente, no encuentro ni una miserable película porno, me pregunto si el virus se transmite por vía sexual, igual no me gustaría tener sexo con alguna de ellas, tal vez con la que se comió a Juan, caníbal y todo pero es bastante sexy y hasta está casi completa, pero recordando lo que le hizo a mi amigo de un día se me quita esa sensación de querer amarrarla a mi cama, mejor seguiré buscando el porno.

Son más rápidos, más fuertes y mucho más resistentes que yo, hay veces que no entiendo como es que sigo vivo, solamente tengo una ventaja sobre ellos: soy más listo, ¿pero que estúpida ventaja es esa? Si por lo menos tuviera armas, las aprendería a usa, en lo único que me les adelanto es para abrir puertas, gracias a eso puedo vivir como una maldita rata, tengo que esconderme durante el día, el hecho de que sus sentidos no estén desarrollados me da una ventaja, aun que tampoco salgo de noche, vivir en una película de terror nunca fue lo mio, pero tengo cierto tiempo al atardecer, con tan poca luz como para que ellos me vean a distancia y con la suficiente para que yo vea por donde voy, eso me da un intervalo de mas o menos media hora para salir, por lo tanto no puedo salir muy lejos, no conozco mas allá de lo que he visto, ni se si hay alguno que me pudiera sorprender y peor aun ni siquiera se a donde ir… aun queda un lugar.

Este sitio está desolado pero parece que ya lo estaba antes de que la infección atacara, tal vez eso justifique el hecho de que no encuentre muchos suministros ni nada con que defenderme, mas que un bate y un par de llaves de tuercas, fuera de eso no podría matar a ninguno más que con un ladrillo o una piedra si es que tengo suerte, sé que no puedo matarlos a todos pero con que me dejen en paz es mas que suficiente para mi, aun recuerdo el terror que me daba tener el generador tan cerca de casa, tuve que esconderla en un cuarto a unos 100 metros de aquí, aunque esta aislado de ruido, si ellos llegan irán tras el generador, no tras de mi. Lo que me recuerda que debo ir a ponerle combustible, espero no tardar…

domingo, 26 de agosto de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 9

Han pasado casi 5 semanas desde que empecé a escribir esto, poco mas de 4 meses desde que vivo aquí, 22 años de existencia y no se cuanto tiempo desde que el mundo debió de haberse ido al carajo antes de que empezara esto.

Pero bueno ya he contado como fue que llegué aquí, mientras lo hacia ya han pasado otras cosas. Llené la alacena 2 veces, hay otra tienda a unos 10 minutos de aquí, no debería ser mucho problema surtir, tal vez se piense que acabo con tiendas enteras en un santiamén, pero lo cierto es que es muy difícil encontrar siquiera comida, de las tiendas mas cercanas encontré muy poco, era como si la infección los hubiera obligado a saquear en un estúpido intento de aprovecharse de la situación, a veces registro las casas pero tampoco encuentro mucho, sin ninguna clase de arma mas que herramientas, los cuchillos son útiles pero no sirven de mucho para matarlos. En el último mes he encontrado algunas cosas interesantes: 3 encendedores, unos 4 metros de cuerda gruesa, cinta de aislar, desarmadores, 2 cuchillos delgados, un extintor pequeño y un bate de beisbol, con un poco de imaginación debería hacer algo útil de todo esto, aunque no se muy bien que hacer por ahora tenerlos es suficiente. El combustible esta en perfectas condiciones, si pudiera conseguir como almacenarlo podría traer suficiente para durar un buen rato aquí, ya no tengo demasiadas esperanzas de salir y ver que es lo que pasa en el mundo, no me hace falta salir mucho para saber que ya todo se fue al carajo. He tenido que arrastrar los cuerpos de los que ya no se mueven y amontonarlos, no los quemo, eso podría atraer a mas, aun y con que quieran servirme en su mesa, no dejó de recordar que alguna vez fueron humanos, ahora también lo son sólo que un poco peores.

Sólo se necesita una mordida, lo que sea que haga esto se contagia solo por la sangre o por la saliva, los rasguños no tienen efecto, me han arañado mas de una vez y aun no quiero comer nada más allá de mis botanas de queso. Sólo los vivos se contagian, si es que llegan a sobrevivir al ataque, nunca he visto un muerto todo podrido caminar por ahí, apestan como el carajo, pero no están podridos, al contrario, sus heridas sanan muy rápido, cambian muy poco de su aspecto original, palidecen, tienen mirada opaca, pierden el sentido común y tienen mucha hambre, también pierden la capacidad de pensar, no pueden ni abrir puertas ni usar herramientas, se vuelven animales completamente. Ahora que lo pienso, nunca he visto un animal convertido, no se si es por que no les afecta la infección o por que terminan hechos pedazos antes de poder cambiar, no comen plantas, adoran la carne, aunque nunca se atacan entre ellos, aun no comprendo porque. Su cara siempre es inexpresiva, creo que eso es lo que me da mas miedo: la ausencia de emociones, no ríen, no se enfurecen y no tienen miedo…no sufren dolor, o al menos eso parece, he herido a muchos y sin embargo me siguen atacando, a una le rompí una pierna, siguió caminando con un leve cojeo pero sin el mas mínimo rastro de dolor en su cara. Sufren de cansancio, aunque su fuerza y resistencia son increíbles, aun tienen limites, pero aunque se cansen, no duermen o por lo menos nunca he visto a ninguno dormido, y aun tienen necesidades básicas, como respirar, defecar, y comer, creo que también tienen la necesidad de beber, por eso siempre se están moviendo. La mayoría de ellos son nómadas y vienen en manada, consumen lo que encuentran y se van, salvo algunas excepciones.

Es todo lo que se de ellos, bueno también omití algo: una vez tuve la necesidad de salir de noche, me encontré con uno de ellos, estaba a unos 20 metros de mi, al parecer era ciego, o cercano a un ciego, pues no me vio cuando pasaba frente a él, fue hasta que la curiosidad del saber porque no me había atacado me hizo acercarme, levantó la cabeza, como si fuera un animal rastreando a su presa, dio conmigo y empezó a correr tras su cena. Así como lo veo, me parece que no han aumentado sus sentidos, salvo el del olfato.

Tengo una mínima posibilidad de sobrevivir… y la voy a utilizar.

sábado, 18 de agosto de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 8

La noche caía sobre nosotros y con ella nuestros miedos aumentaban, estábamos cerca de la casa que según Juan nos podría resguardar y proteger de esas cosas, por menos el tiempo suficiente para poder planear algo concreto. La luna llena se levantaba en lo alto, estábamos cansados y hambrientos, un baño y un poco de comida (quizás una cerveza) ya eran mucho pedir, pero sin duda los necesitábamos.

Habíamos recorrido lo que parecía cerca de la mitad de la colonia, dejando atrás casas y los pocos carros estacionados incluyendo el camión perfectamente estacionado al lado de la banqueta por donde caminábamos, supongo que era mas costumbre que seguridad, pero el ir caminando por la banqueta me hizo preguntarme por que diablos no íbamos por la calle, a fin de cuentas, no creo que hubiera muchos carros por ese lugar, a primera vista era notorio que con zombies o sin ellos, ese lugar era tan desértico como los cerros en los que habíamos estado por la tarde. Aun iba pensando en esto cuando al parecer Juan escucho algo, volteó rápidamente y si cara reflejó terror puro al grado de hacerme voltear a mi también, creí haber visto algo, mas no lo recuerdo con claridad, lo único que recuerdo fue el puño de mi compañero clavándose con fuerza debajo de mi costilla, el dolor fue tan intenso que caí al piso, era obvio, el maldito cobarde quería dejarme morir a mi suerte, él quería huir pero ¿de que? Lo cierto es que hasta el día de hoy no sé que pudo haber visto, sólo recuerdo que quiso correr con la misma dirección a la que nos dirigíamos, y entonces la vio.

Poco mas de un metro sesenta, complexión media, su cabello negro como la noche aunque un tanto alborotado aun caía sobre sus hombros, con ese cuerpo se notaba que hacia ejercicio y lo mas atractivo de ella eran esos labios que, aunque un poco pálidos, seducían la mirada e incitaban el deseo, mi mente ya alucinaba mientras que escondido debajo del camión observaba toda la escena: Se encontraron de frente, la mirada fija en los ojos, ella se acercó lentamente a el hasta que sus pálidos labios casi lo tocaban, para ese momento casi pude haber querido ser Juan de no ser por que ella terminó de acercarse para arrancarle con los dientes el labio inferior, él quiso correr pero ella era mas fuerte, ni siquiera lo dejó moverse cuando sus dedos se clavaron en su miembro haciéndolo sangrar enseguida, de su boca ensangrentada surgió un chillido similar al que hacen los puercos cuando los están matando, en el suelo comenzaba a formarse un charco de sangre, orina y algo que podría jurar era mierda. Pobre Juan, sufría de la muerte mas humillante que hubiera podido ver, y peor aun, yo no podría ayudarle, él ya pertenecía al mundo de los muertos.

Mientras al pobre tipo le chupaban hasta los huesos, aproveche el momento para salir corriendo tan rápido como pude, lastimosamente rapidez no significa sigilo, así que en cuanto esa chica me escuchó salió corriendo tras de mi, tan sólo unos 30 metros nos separaban y era obvio que no tardaría en alcanzarme, mi ultima oportunidad estaba en un portón blanco cuya puerta estaba abierta, no sabia que había del otro lado, pero era preferible a la muerte inminente que venia sobre mi, así que entré y cerré tan rápido como pude, no paso ni siquiera un segundo cuando la escuché estrellarse contra la lámina dura, en un acto reflejo voltee para saber a donde me había metido. Un patio y una casa era lo único que había, entré en ella para asegurarme de que no hubiera mas de esas cosas cerca, cuando por fin lo comprobé me dirigí a la cocina y busque algo de comer, un paquete de pan blanco sin destapar fue la respuesta a mis plegarias. Seguí caminando hasta llegar a un cuarto oscuro, una cama grande aunque un tanto dura, así como un escritorio y un ropero eran los únicos muebles de la habitación, sobre el escritorio había una laptop. Sin zombies, cómoda y no había tenido que pagar por ella, podría acostumbrarme, terminando me fui a la cama y toda la noche miré al techo sin poder dormir.

Esa misma mañana mi mamá había ido a trabajar, mi padre veía las noticias y mi hermano dormía en la cama… y yo tenía una vida que nunca aprecie hasta que la perdí por completo…

viernes, 10 de agosto de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 7

Aun teníamos algunas horas de luz solar cuando seguíamos recorriendo los cerros por los caminos mas altos que encontrábamos, el estar arriba nos daba cierta ventaja, teníamos una mejor visibilidad del entorno, aun así, ambos sabíamos que al caer la noche todo se volvería mucho mas aterrador, teníamos que decidir, entre dormir ocultos y montar guardia por lo menos un par de horas, o buscar un sitio seguro con mas personas que fueran igual a nosotros, no es que los demás no lo fueran, pero sinceramente a mi el olor de la carne humana comenzaba adarme un poco de asco, en mi mente surgió una pregunta que de inmediato deseche pues lo primero era encontrar una solución para poder seguir avanzando, aunque en realidad no sabíamos a donde avanzar, optamos por seguirnos moviendo, tal vez tendríamos suficiente suerte de encontrar por lo menos un refugio, de nuevo recordé lo que dijo mi padre sobre la guerra nuclear y lo dije en voz alta, fue cuando la mente brillante de Juan dio una idea no tan brillante: "mis tíos viven hacia allá, es una colonia sin gente, a lo mejor ahí todavía no ha llegado". Omitiendo lo estúpido de su razonamiento, al parecer tenía razón, y digo estúpido, por que para llegar allá, teníamos que cruzar por otra ciudad mas, era casi seguro que ahí nos aguardaba la muerte, fuimos cuando empezaba a atardecer.

Y tenia razón, la cuidad completa era un maldito caos, era mas que obvio que todos están infectados y probablemente lo mismo encontraríamos llegando En mi vida he sentido tanto miedo como el que sentí ahí, con la oscuridad comenzando a llenar las calles y con una población de come-carnes esperándonos para cenar en cualquier momento, casi todo el lugar estaba vacío, como es clásico en la películas, el fuego y los autos destrozados abundaban por todas partes, no eran muchos kilómetros, aun así debíamos correr lenta y sigilosamente, si la suerte aun seguía de nuestro lado cruzaríamos sin mucho problema, lastimosamente aun seguía pensando esto cuando la suerte nos abandonó.

Eran unos 50 parecían un pequeño desfile caminando por la calle, nos vieron y los vimos, fue cuando de nuevo la carrera empezó, 4 calles mas adelante giramos a la izquierda y seguimos corriendo tratando de dejarlos atrás o por lo menos perderlos, no tardamos mucho en encontrarnos con otra manada que deambulaba, no importaba hacia donde corriéramos o si los perdíamos, siempre encontrábamos a mas, incluso creo que llegue a distinguir que uno de los grupos era el mismo, era obvio que corríamos en círculos, apenas nos libramos del cuarto grupo le dije a Juan: "¿donde esta la casa de tus tíos? Él, tan asustado y cansado como yo trató de orientarse, levantó su dedo índice hacia el este (lo se por qué el sol ya se estaba ocultando del otro lado) y comenzamos a correr hacia allá, casi media hora después estábamos en la entrada de la colonia, oscura y sin un solo rastro de alguien q pudiera articular algo mas que un sonido gutural. Entramos caminando en total silencio, de alguna forma aun no podíamos hacer conjeturas de si el pueblo aun tenia habitantes, volteábamos a todos lados, solo una calle vacía con un par de coches y un autobús estacionados. "La casa de mi tía esta allá", no creo que haya palabras para expresar el intelecto de mi compañero, era mas que obvio que era para allá, si no no tendría ningún sentido haber cruzado corriendo por tanto tiempo, pero me conforme con seguirlo de cerca, el sol se empezaba a ocultar, si llegábamos a la casa tal vez podríamos descansar ahí lo suficiente para planear algo, era claro que al mundo ya se lo había llevado el carajo, aun así no podíamos esperar a que la muerte viniera por nosotros, debíamos hacer algo, aunque bueno, aun no llegábamos aun refugio.

Nuestros pasos seguían siendo sigilosos y muy lentos, si había zombies por ahí lo peor que podíamos hacer era llamar su atención, solo había q dar vuelta a la calle y en un par de minutos estaríamos a salvo… eso no iba a pasar…

miércoles, 1 de agosto de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 6

"Si hubiera una guerra nuclear, hay que buscar comunidades pequeñas, ellos nunca atacaran ahí"

No recuerdo muy bien a que venia esa conversación con mi padre, en ese momento me parecía totalmente estúpido que hubiera una guerra en México, pues tenia razón, ni era una guerra ni era sólo México. El mundo entero, hasta donde yo sabia, se había podrido, no me sorprende, si no iba a ser un apocalipsis zombie, de seguro seria otra cosa, el ser humano siempre tuvo ese deseo inalcanzable de destruirse a si mismo y al mundo que lo rodea, por fin ese sueño se volvía realidad. Pero de nuevo divago, veamos en donde estaba.

Oh! si: mientras seguía en aquella moto, mi mente recordaba las palabras de papá. tenia razón, debía buscar un lugar sin gente, si no había gente, tampoco zombies, lógico ¿no?, lastimosamente no pude avanzar mucho mas, a todos lados donde iba la que antes era gente me perseguía tan rápido como sus piernas les era posible, un tipo en silla de ruedas solo estiraba sus brazos tratando de correr sin que sus piernas respondieran.

No tarde mucho en tener que abandonar la moto por falta de gasolina y fue cuando empezó la carrera a pie, corriendo tan rápido como me era posible y escondiéndome a ratos para descansar, incluso un grupo de mujeres me persiguió por mas de 6 calles, como me hubiera gustado que eso pasara sin que quisieran desayunar mi hígado. La tarde estaba nublada cuando por fin pude atravesar los cerros, libres, casi completamente, apenas estaba subiendo uno cuando me encontré con Juan, era un tipo alto, mas o menos de mi edad, su mirada demostraba que era un tipo bastante duro pero aun así el miedo le había hecho mojar los pantalones, cuando me vio , lanzó un grito y corrió hacia a mi para embestirme, obviamente yo pensé que se trataba de uno de ellos así que corrí lejos de él en círculos, no es que sea lento, pero el no tardó nada en alcanzarme, cuando sentí que me iba a dar el primer mordisco, cerré los ojos y espere lo peor, él solo dijo: ¿Cómo te llamas?.

Recorrimos la ladera del cerro a suficiente distancia como para poder ver si alguien o algo nos seguía, mientras caminamos le conté todo lo que había vivido hasta ese momento. Él me habló de sus hermanas y su madre, todas muertas, cuando se dio cuenta de que debía huir dejó todo atrás igual que yo, corrió por horas sin saber a donde ir, incluso arrojó un perro contra ellos para que no se lo comieran, de cierta forma podía comprenderlo, podemos decir tantas cosas de lo que haríamos si cosas así pasaran pero en realidad sólo viviendo en carne propia la muerte, es como nuestros instintos primarios nos dictan hacer lo que sea para sobrevivir, yo tuve que pasar frente a mucho que morían, y aunque no empuje a nadie, tampoco intente salvarlos, de cierta forma parte de su muerte también era mi culpa.


 

 

viernes, 20 de julio de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 5

No recuerdo como fue que bajé, no recuerdo cuanto tiempo hice, no recuerdo muchas cosas de ese momento, lo único que puedo recordar claramente es la desesperación que sentía de no poder llegar mas rápido abajo, cuando por fin pude salir a la calle, voltee hacia todos lados buscando a mi hermano, tres de esas cosas ya estaban devorando su cuerpo, no sabia que hacer, no sabia si aun seguía vivo, no sabia como llegar al él, la sangre me hervía en impotencia y rabia contra lo que veía, lo abrieron, lo abrieron como a un maldito pollo, fue cuando uno de ellos me vio, de nuevo empezó la carrera, pude librarme de ellos, no es porque pudiera correr muy rápido o tuviera muy buena condición física, sólo fue una niña de unos 7 años con peor suerte que yo, se cruzó en su camino y ellos no tuvieron piedad alguna. Yo estaba de nuevo en la calle, en el infierno, veía correr gente en todas direcciones, varios de ellos hacia mi, era imposible reconocer a los que aun no habían sido infectados, todos eran iguales, por lo menos para mi, tenia que escapar de ahí, tenia que dejar mi vida entera. Mi vida ya no volvería y mientras más rápido me acostumbrara a la idea tendría más oportunidades de sobrevivir. Corrí tan rápido como pude sin saber a donde ir, encontré una moto tirada en el piso, me subí en ella y arranqué, un tipo me gritaba sin que yo le hiciera mucho caso, al recordar su casco a veces me pregunto si seria el dueño de la moto, supongo que cuando lo vuelva a ver tendré que devolvérsela o por lo menos pagársela, creo que ya no importa mucho, ya debo demasiado a personas que creo que nunca volveré a ver, a mi padre, a mi hermano, a mi madre, a mi novia… tan solo habían pasado 4 días desde la ultima vez que nos habíamos visto, discutimos, recuerdo perfectamente sus palabras: "no quiero volver a verte", al parecer su deseo se había cumplido, me fui dejando todo atrás tan rápido que incluso me olvidé de ella, yo estaba solo, con una motocicleta robada, medio tanque de gasolina y sin un lugar a donde ir…

viernes, 13 de julio de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 4

Han pasado mas de 3 semanas desde la última anotación, una manada de unos 30 llegó a los pocos días que dejé de escribir, el generador termino por quedarse sin combustible, no fui a recargarlo sin no hasta esta mañana, 3 días después de que me aseguré de que por fin se habían ido, los suministros están a la mitad mas o menos, me acabé las botanas y el pepto-bismol, los dos el mismo día, los desgraciados tardan en irse y dejan un desastre siempre, no es que antes fuera muy ordenado, pero ¿Por qué voy a limpiar lo que ellos hacen? Lo peor es el olor. No se, pero estoy seguro de no haber visto nunca una película de zombies donde los malditos defecaran como lo hacen estos, no conozco a ninguno de ellos que no tenga las piernas cubiertas de la mierda que se les escurre por entre la ropa, creo que esa es otra razón para no salir, creo que de todos modos tendré que limpiar un poco y creo que mientras lo hago, puedo seguir narrando lo que pasó en el principio:

Mi hermano y yo ya estábamos en la calle corriendo cuadra tras cuadra para tratar de llegar a la oficina de mamá, esperábamos que ella tuviera una solución a todo esto, que ridículo ahora que lo pienso. Cuando llegamos, todo estaba igual que en cualquier lado, gente comiendo gente, trataron mas de una vez de hacernos sus bocadillos, de alguna forma pudimos escapar hasta llegar por las escaleras al cuarto piso, donde estaba el cubículo de mamá, todo era un desastre, incluso dos o tres ventanas estaban completamente rotas dejando pasar un viento helado, nueve quizás diez personas estaban ahí, ninguno de ellos eran como nosotros y ninguno de ellos era mi madre, no sé que sería de ella, seguramente estaba muerta como toda nuestra vida, no sabíamos eso , así que tratamos de pasar entre la gente para encontrar a mamá. Nunca vi al anciano que estaba a un lado mio, no pude esquivar su ataque, por poco me muerde, de no ser por un lápiz que mi mano encontró por casualidad, lo enterré tan fuerte como pude en su ojo, lo que me dio una oportunidad de librarme de él y salir corriendo, fue entonces cuando trataba de localizar a mi hermano con la vista, solo para ver como dos de ellos comenzaban a rasguñarlo y morderlo, corrí tan rápido como pude, juro que lo trate con todas mis fuerzas, pero fue inútil, cuando traté de jalarlo, el me miró de una manera que nunca voy a olvidar, aunque ni siquiera puedo describirla, con la fuerza que aun tenia empujó al que tenia enfrente hacia la ventana rota, fue una caída directa de cuatro pisos sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Bajé tan rápido como pude, no me importó el resto de los que estaban ahí, ahora que lo recuerdo, no me importó la señora que tenia atrapado un pie bajo un escritorio derribado, cuando un tipo de traje la vio, se dio uno de los mejores banquetes, las gordas siempre mueren primero, esa es la ley de la vida…

viernes, 6 de julio de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 3

Han sido días tranquilos, no hay nuevas manadas, las alacenas están llenas de suministros, no he tenido que ir a ver el generador, dudo que necesite combustible, hace poco llene los tanques, no me arriesgare a ir muy lejos, no por ahora. Por lo menos tengo más tiempo para recordar.

Nadie podía controlarlos, o por lo menos eso fue lo que vi, por lo menos eso fue lo que oí. Desde la ventana de mi edificio podía ver el caos que en el que se había vuelto el mundo, con mi padre y mi tío muertos en el piso lo único que pude hacer fue ir por mi hermano a su cuarto, dio un salto cuando abrí la puerta gritando apenas y tuvo tiempo de vestirse mientras yo trataba de juntar lo indispensable en una mochila, comida, agua, una lámpara y unas pinzas de esas que tienen varias herramientas en el mango. Tenia el celular en bolsillo izquierdo de mi pantalón y el tiempo se me acababa. Mi hermano se había puesto apenas los tenis cuando entré por él. Al momento en el pasamos frente al comedor, se detuvo atónito, no podía creer que el repulsivo caldo de sangre, intestinos (y carne apenas pegada a los huesos), estuviera ahí, que fuera su papá, su tío con una masa amorfa en vez de cabeza, creo que yo me hubiera quedado igual, en fin, tomé su hombro y lo jalé fuertemente hacia la salida, revisé el pasillo esperando el momento en el que pudiéramos salir con seguridad, ese momento nunca llegaría. Aun recuerdo que le eché una última mirada a la calle a través de la ventana, una parvada gigante cubría una parte del cielo, parecían ser pichones.

Salimos corriendo a toda velocidad entre cientos de personas que, al igual que nosotros, huían de la muerte que había tomado la forma de sus familiares, amigos, conocidos. Aun recuerdo el rostro de esa mujer, que con la boca llena de sangre me tiró contra la banqueta, su aliento nauseabundo llenaba mi rostro, mientras sus dientes se acercaban a mi cara solo detenidos por mi mano en su frente, pudo haberme mordido, pero mi hermano la tomó por los cabellos y la separó de mi el tiempo suficiente para que los dos pudiéramos ponernos en marcha de nuevo, no sabíamos que hacer, así que pensamos en alcanzar a mi madre en su trabajo. Ese fue nuestro peor error…

sábado, 23 de junio de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 2

Supongo que tengo que ser más organizado y darme mi tiempo si quiero continuar con esto de escribir mi vida.

Sinceramente no se a quien escribo, no se si alguien leerá esto algún día, creo que lo hago por que necesito sentir que hay alguien mas afuera, alguien que no es como el resto de mis amigos y conocidos que ahora tienen tantas ganas de invitarme a comer usándome como plato principal.

Mi vida hasta hace 3 meses era más o menos normal, iba a la escuela, tenía novia, me gustaba ver películas y chatear con mis amigos… ya no queda nada de eso. Ahora trató de sobrevivir día a día, necesito conseguir suministros como alimentos, agua, gasolina, botanas de queso y películas, sólo lo básico, espero escribir poco a poco como es que vivo en este hoyo, pero primero vallamos un poco atrás en el tiempo.

No se a ciencia cierta donde empezó todo, algunos dicen que laboratorios en el gabacho habían creado mutaciones de virus, otros decían que un químico que había sido insertado en el agua por algún terrorista era el responsable de todo, una vez escuche a un sacerdote decir que era un castigo mandado por dios para la redención de los pecados, espero que ahora este en el cielo, vivió un infierno los últimos minutos de su vida cuando su monaguillo y tres de sus feligreses lo hicieron pedacitos, gritó como mujer mientras sus nervios perdían sensibilidad a medida de que eran arrancados de sus huesos, yo no dejaba de correr entre la gente que buscaba un escape de ese lugar… otra vez me estoy saliendo del tema.

Ese siempre ha sido mi problema, soy distraído, mi atención se desvía rápidamente, mejor volvamos a donde estábamos…

Yo vivía en un edificio en centro de la Ciudad de México, cuando todo comenzó, estaba viendo las noticias que daban el reporte de los planes de contingencia del gobierno, pero si no podían contra narcotraficantes, mucho menos contra zombies, además, si el ejercito del país mas poderoso del mundo donde se inició todo no había sido capaz de controlar la situación, mucho menos el ejercito mexicano, no importaba lo que hicieran, no podían detenerlos, nunca pudieron…

martes, 19 de junio de 2012

Diario del sobreviviente: Entrada 1

"Apocalipsis zombie… vaya estupidez".

Otra vez desperté recordando las palabras de mi padre que se negaba a creer que el mundo que conocíamos estaba a punto de acabar. Murió un martes, devorado por mi tío. No tenia dientes así que uso las uñas para desprender la carne de su cuerpo, ya no recuerdo si gritó, mi mente estaba totalmente desconectada de la realidad, recuperé la conciencia cuando se atragantaba tratando de digerir el brazo completo de mi padre, quité el cortinero de su soporte y ataqué con todas mis fuerzas, supongo que debí quitar primero las cortinas, mis pies se enredaron en ellas y caí, por suerte mi tío siempre había sido muy lento para comer, y aun seguía atendiendo lo que quedaba de papá, así que me levanté, tomé una silla de metal y la deje caer en la cabeza de lo que antes era un ser querido, el primer golpe no produjo mucho, fue hasta el sexto cuando una de las patas dobladas de la silla se incrusto un poco arriba de su nuca, se convulsionó un poco, y luego dejó de moverse, un par de sillazos mas (y una patada) me dieron la seguridad de que mi tío no encajaría sus uñas en mi… ese fue el primer día en el que sentí como el infierno entraba en mi vida…

Vayamos poco a poco, mi nombre por ahora es irrelevante, esto lo pudo haber escrito cualquiera en cualquier parte, de no ser por que no he visto a nadie mas desde hace casi 3 meses, bueno en realidad no he visto a nadie mas que no se quiera comer las partes que aun me sirven para vivir, y como en todas las películas (series, juegos, libros y lo que sea que haya salido relacionado con zombies) sólo soy alguien que libró su propia muerte tratando de sobrevivir a una pesadilla.

martes, 31 de enero de 2012

Algún Día…

Algún día me convertiré en una estrella

Y dejare muy lejos aquellas nubes negras que oscurecían mi pasado

Extenderé mis brazos al horizonte

Y por fin besare la mano de la mujer que tiernamente me llamaba en sueños

El amor y el viento se convertirán en uno solo

Y acariciaran mi alma y el de la vida inerte

Los desechos de la primavera se volverán botones de flor perpetuas

Con sueños hechos polvo y lanzados al mar del deseo

Algún día me convertiré en un aroma

Una esencia que atravesará las paredes y los corazones

Una perfume que rondara en la tierra fresca y alimentará a las flores

Y vivirá en los peces, en los arboles, en las sonrisas de las mujeres

El techo se llenará de espejos que reflejarán los sentimientos

Algún día las luces de oriente vendrán y danzarán ante todos

Mostrarán su belleza dando pequeños saltos al suelo

El azul crecerá en el desierto en pequeñas vainas de cielo

Y lenguas rojas crecerán en los corazones callados y silenciosos

Los ciegos hablarán, los sordos callarán y aquellos sin esperanzas aguardaran en las sombras

Las sonrisas de los niños se elevarán sobre los arboles y crearán paisajes imaginados en ilusiones

Algún día mi aliento vivirá en poesía

Y se desplazará entre las miradas de la emoción y el desprecio

Entre las palabras de sangre y amor

Entre el odio y la alegría de vivir

Entre los suaves movimientos de una hoja en el otoño

Y la mirada de esa mujer que me llama a probar su boca

A sentir sus manos

A acariciar su alma y su espíritu

Algún día…