Lo logré… por fin lo logré…
Tengo tantas cosas que contar que no se por donde iniciar, así que creo que lo hare por el principio.
Después de juntar todos los materiales y herramientas que encontré en la tlapalería y el tianguis, me puse a pensar que haría con ellos. Tenía en mí poder kilos y kilos de tuercas, tornillos, rondanas y cosas así, separé del montón 6 clavos enormes, ya sabia en que los iba a utilizar: tomé el bate de madera que había encontrado semanas atrás y con ayuda de un martillo atravesé los clavos en la punta, en algunas partes la madera comenzaba a quebrarse, así que enrollé con cinta aislante y una cadena de perro que encontré tirada. El bate era mucho mas pesado, más raro, mucho más letal y muy demente, ideal para mí.
Lo siguiente fue la pólvora y los metales. Recordé mis tiempos de preparatoria y de aquel tipo que conocí, uno de esos "rebeldes" que practicaba el activismo estudiantil. No era otra cosa que un niño creyéndose que por hacer desmadre el mundo iba a ser a su manera, el mundo se había hecho a la manera del apocalipsis, no había política, no había protestas, no había sociedad hipócrita queriendo cambiar su ridículo status, solo había sangre, mierda e intestinos por las calles que ya solo eran habitadas por gente sin el mas mínimo pensamiento. Pero bueno volviendo a aquel tipo, a pesar de que me caía tan bien como un licuado de fresa con sosa cáustica, de alguna forma aprendí de él el bello arte de la fabricación de petardos, sólo un par de monedas o de metales pequeños y un poco de pólvora. Bueno pues ya tenia los ingredientes en cantidad suficiente como para volarle el culo a un dinosaurio así que era momento de construir los proyectiles, aun no terminaba los primeros cuando me di cuenta de lo estúpido que era intentar matar a esas cosas con armas diminutas, tres palomas de a peso les harían mas daño que mis petardos, así que después de mucho pensarlo decidí usar el mismo concepto pero en un tamaño diferente, 2 días después tenia 5 explosivos de mas de medio kilo y el tamaño de un coco, sólo había que probarlos, estuve muy de suerte por aquellos días, no hubo manadas por mas de una semana, el tiempo suficiente para probar y decidir si eran lo suficiente para realizar una defensa en la que yo no acabara devorado. Tomé un petardo y fui a la casa de enfrente, como la mayoría de las casas, tenia la puerta abierta, en los últimos días ya nadie se preocupaba por que alguien pudiera entrar a sus casas a robar, cosa que de por si ya era ridícula. Entré a un patio pequeño y seguí caminando, ya conocía la casa, mas de una vez entré a buscar cosas que pudiera usar, como en casi todas las casas, no encontré nada útil, aun así parecía el lugar propicio para hacer un experimento. El ultimo cuarto estaba a unos 15 metros de la entrada, era una habitación, al parecer de una niña, antes de llegar estaba una recamara mas, el baño y una cocina pequeña, a la calle daba la puerta principal y una pequeña accesoria, llegué al cuarto donde haría la prueba, saqué un petardo y lo puse en el suelo, prendí la mecha y salí corriendo tan rápido como pude, no había forma de saber de que magnitud seria la explosión o de si siquiera funcionaria, pero lo mejor era que, por las dudas, estuviera lo mas lejos de ahí. Apenas había llegado a la puerta de la entrada cuando explotó, sentí un temblor bajo mis pies, al parecer el haber corrido había sido una buena decisión, cuando regresé, el humo me impidió ver cualquier cosa, así que tuve que esperar un par de minutos hasta que se disipara y me dejara observar el producto de lo que había hecho. El cuarto estaba deshecho, la mitad de la cama se había despedazado, al igual que un ropero con un par de osos de peluche encima de él, había piezas de metal en el suelo, otras más se habían encajado en las paredes. El experimento estaba terminado, ya tenía lo suficiente para acabar con ellos, esta misma tarde pasó…
Apenas había subido una puerta de lámina al techo cuando vi a lo lejos a una manada que se acercaba, era el momento. Colgué ,con ayuda de unos clavos y el martillo, un trozo de tela hecho trenza en el filo de la saliente del techo, atado a esta estaban en fila 4 petardos gigantes y 3 bombas molotov, aunque eran pesados, la tela humedecida con gasolina, soportaba bien, acomodé el martillo en mi cinturón, estaba todo listo. Unos 30 zombies, todos jóvenes, entre 15 y 18 años aproximadamente, casi todos con pantalones que antes eran blancos y playeras con motivos brillantes, cortes de pelo ridículos, al parecer les iba mejor siendo zombies, por lo menos ahora lo eran por una infección y no por la moda, por un momento me compadecí de ellos, igual ya estaban muertos, y si no quería estar igual que ellos era momento de actuar. Era yo, parado con un bate en mi mano frente a un público que reclamaba mi carne, el espectáculo estaba a punto de iniciar.
Prendí uno de los lados de la trenza de tela y el fuego se corrió enseguida, encendiendo las mechas de los petardos y de las molotov, corrí hacia abajo y me oculte en un cuarto, todo empezó a explotar de manera violenta, vi como los metales salían volando hacia el cielo y tardaban segundos en regresar a la tierra, no tenia ni idea de que pasaba afuera pero estaba seguro de que estaba funcionando. Conté las explosiones, al dar la última y en cuanto me aseguré de que no caerían más metales, corrí a la calle con el bate en la mano, el humo y el fuego aun lo cubrían todo, aunque el aire comenzaba a despejar mi visión. Era increíble que con tan pocos explosivos había causado un daño tan grande, casi todos estaban tendidos en el suelo, el charco de sangre y tripas llegaba a mis pies, la costumbre y un estomago duro me ayudaron a no vomitar, la mayoría ya no se movía, apenas 3 estaban de pie, unos 7 trataban de levantarse, el piso aun ardía. Mis prioridades eran obvias: primero los 3 que seguían parados, los daños en ellos eran casi nulos, después los que trataban de recuperarse, tenia que cuidarme de ellos, a pesar de sus heridas no sentían dolor y uno podría arrastrarse hacia mi y morderme, todo había que hacerlo lo mas rápido posible, el fuego podría alertar a otros que estuvieran cerca y estando afuera no había molotovs ni petardos que me ayudaran. Corrí tan rápido como pude hacia los que seguían de pie, en el camino encontré uno que, con las manos apoyadas contra el suelo, intentaba levantarse, mi pie se estrelló contra su cara derribándolo de nuevo, pude sentir el crujir de sus huesos, seguí de frente hasta topar con mi presa, ni siquiera lo pensé, antes de llegar mis manos ya estaban preparando el golpe, dejé caer sobre su cabeza el bate, los clavos se incrustaron en su cabeza hasta el fondo, su rostro ensangrentado se deformó para luego dar contra el pavimento, tuve que hacer palanca para poder despegar el bate del cráneo de ese sujeto, apenas lo había logrado cuando una mujer se abalanzó sobre mí, mas por instinto que por deseo mis brazos soltaron un golpe lateral que hizo que mi arma se incrustara en su mejilla izquierda, llena de sangre y maquillaje cayó al suelo, aun moviéndose, di un tirón al mango y salió con carne, dientes y un sonido combinado entre un grito y el crujir de huesos, un impacto en la sien acabó con ese sonido, de nuevo intenté hacer palanca para sacar mi herramienta, pero se había atascado, el tercero ya venia hacia mí, el bate ya no era opción, cuando pensé que tendría que pelear a mano limpia, recordé el martillo en mi cinturón, sé que es estúpido pero lo había olvidado, con la adrenalina había dejado de pesarme en la cintura, lo saqué justo a tiempo para insertar la uña del martillo en la cara del tipo, dio un par de pasos atrás y cayó, la herramienta se desprendió y fue a dar a un lado, corrí hacia él, al verle la cara pude observar que el golpe había caído en el tabique nasal haciendo que la nariz se separara y quedara colgando de el labio, levanté mi pie y comencé a pisar su cara, tan duro como me era posible, debajo de la suela podía sentir como la cara se le iba sumiendo y volviéndose una masa viscosa, me aseguré de que no se levantara, fui por el bate, aun estaba incrustado en la cabeza de la mujer, puse mi pie sobre su hombro y jalé tan duro como pude, el cráneo se le partió en 2, en uno de los clavos se había quedado un pedazo de hueso pegado aun con parte del cerebro, curiosamente la imagen no me produjo ningún asco, estaba jadeando sin darme cuenta, al parecer la adrenalina se me había subido hasta el tope, respiré mas tranquilo, aunque todavía no acababa con ellos.
Los que fueron derribados por las primeras explosiones seguían en mi lista de prioridades, el fuego y el humo seguían en el ambiente, a pesar de eso podía ver a todos ellos con claridad. Cuando salí de la casa pensé que por lo menos unos 7 u 8 seguían moviéndose en el piso, ahora solamente eran 2, el primero tenia las piernas despedazadas y no podía mover el cuerpo, una vez el bate en su cara dejó de moverse por completo, el segundo fue aun mas raro, cuando llegué a él, comenzó a convulsionarse, no pasaron ni siquiera 15 segundos cuando se quedó quieto, no puedo asegurar nada, pero tal vez murió por la perdida excesiva de sangre. Al final, yo era el único ser vivo en el lugar, cansado, adolorido, y con el cuerpo lleno de sangre y demás fluidos. Pero no estaba solo.
A unos 40 metros pude ver de nuevo a la chica que se comió a Juan, al parecer no se había ido, no entendía porque o donde se había escondido, pero de alguna forma me alegraba verla ahí, es de esas mujeres que tan solo con verla, aunque sabes que de alguna forma te dejaran hecho trizas, aun así te hace feliz que este ahí. La observé un par de segundos correr hacia mi, le apunte con el bate y con una sonrisa dije: "por hoy, puedes vivir". Me metí caminando a casa, cerré la puerta y un instante después un golpe la estremeció. Así es ella, me busca para devorarme, desaparece mucho tiempo haciéndome extrañarla y al final vuelve.
Estoy muy cansado, sólo quiero un baño e irme a dormir…