La luz tambalea débil y serena
No existe ni un solo suspiro de viento que la agite
Sólo estamos ella, yo y un par de copas llenas de vino tinto
Ella danza frente a mis ojos acompañada de una música inexistente
Su vestido blanco y negro se ondula produciendo un aroma delicado y dulce
Yo simplemente no puedo dejar de observarla, no puedo dejar de mirarla
Estoy completamente hipnotizado ante sus encantos
Por fin puedo levantarme de mi asiento y me acerco lentamente a ella
Cada paso retumba en el cuarto oscuro como el sonido de un trueno débil en el suelo
Su dulce presencia llena el aire de un suave susurro de gotas de jazmín
Sus ojos inquietos y vivos no dejan de mirarme de una manera sensual y provocativa
Sus labios pronuncian mi nombre y sus manos se extienden delicadamente hacia mí
Sus dedos rozan mis mejillas y mis labios
Los beso tiernamente esperando a que el tiempo se detenga
A que el espacio se inmute y que nuestra energía sea inagotable
Rodeo su cintura acercándome cada vez más a ella
Siento su respiración que comienza a agitarse poco a poco
El balance de su cadera comienza a moverme de un lado a otro
Mi boca se acerca a su cuello saboreando su perfume
Me dice algo que no puedo escuchar
No puedo pensar en otra cosa más que en besar sus labios
No hay miedos, no hay dolor, solo un pequeño y tierno beso…
Me encantan las navajas, son silenciosas y efectivas si se les sabe usar
Inserto una pequeña hoja de metal en su garganta
Solo un pequeño gemido tapa mis oídos
Su mirada se vuelve inexpresiva y sus ojos se pierden en el infinito
Se desvanece solo sostenida por la fuerza de mis brazos
La deposito lentamente en el suelo recargando su cabeza en mi mano
Hasta que la vela produce una sombra inmóvil y sus ojos a través de mi mano se cierran
Está muerta…
Y yo la amo…
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