Bueno pues primero que nada hay que mencionar lo más obvio
para evitar confusiones: ESTO NO ES OTRA ENTRADA DEL DIARIO DEL SOBREVIVIENTE.
Supongo que quiero aprovechar este post para darle las
gracias a todas las personas que me han leído y muchísimas más gracias a toda
la gente que me estuvo siguiendo a los largo de estos meses, espero no haberlos
defraudado. Fueron muchas semanas de trabajo duro, y muchas semanas más de
hueva, pero a fin de cuentas el proyecto que empezó hace más de medio año me
dio una satisfacción muy grande, espero que a mis lectores también.
Y en vista de que al parecer si les gusto esto del diario
del sobreviviente, he decidido hacer un pequeño bonus a modo de agradecimiento
hacia ustedes que me han seguido a lo largo de este tiempo, de nuevo gracias, y
sin adelantar mucho estarán leyendo nuevas cosas mías dentro de poco.
Así que aquí tienen un pequeño fragmento de una historia no
contada en el diario del sobreviviente, espero que la disfruten, muchas gracias
y hasta pronto.
LA HISTORIA DE JUAN
“Esa pendeja me las va a pagar…” Pensaba Juan mientras
recargaba la espalda en la puerta de un vagón del metro.
No tenía ni idea de por qué estaba ahí, si su hermana había
enfermado, ¿él que puta culpa tenía?, igual su madre lo había levantado de su
siesta de 4 horas para acompañarla. Había sido una noche muy larga, entre
drogas y alcohol, la resaca era insoportable, además el tan sólo pensar en lo
que había pasado con su novia le daba un dolor de cabeza aun mayor, no importaba,
esa misma noche se iba a vengar, claro, en cuanto hubiera tomado lo suficiente
para curar su cruda.
Ella en realidad no debía nada: era de noche, él estaba
ebrio, la besaba con rudeza excesiva, por más que ella quería quitárselo de
encima no podía mover un músculo, el tipo era como un oso, grande y robusto; él
bajó su mano hasta que sus dedos se encajaron en el vientre bajo de ella,
mordiéndole el labio inferior mientras la besaba provocándole un dolor tremendo
en ambos puntos, una lágrima comenzaba a rodar por su mejilla mientras el dolor
aumentaba, no tuvo más remedio que soltarle un rodillazo en las partes nobles
lo suficientemente duro para que a pesar de estar ahogado en alcohol quedara
hincado sujetando lo que le quedaba de bolas, gimoteando con la cara hacia el
suelo… eso no se iba a quedar así.
Seguía pensando en esto mientras miraba a la gente dentro
del vagón, ninguna mujer atractiva a la cual mirarle el escote o las piernas,
ningún idiota chaparro y débil al cual retarlo con la mirada, todo era
estúpidamente aburrido. Bajó chocando a propósito con la gente, ni me pregunten
para ser sincero yo nunca he entendido a ese tipo de personas.
Media hora después, su madre estaba muerta.
Casi todos en ese lugar lo estaban, habían alcanzado a
llegar a la estación cuando los primeros ya bajaban por las escaleras
principales, corriendo y cayéndose constantemente, eso de ninguna forma los detenía,
esa estación, al igual que muchas otras, terminaron convirtiéndose en salvajes
mataderos, la sangre corría cayendo como cascada hacia las vías, no importaba
donde estuvieran, algunos pobres inocentes encontraron la muerte dentro de los
trenes, no importaba donde trataran de esconderse, los zombies siempre estaban
ahí, como animales bestiales y estúpidos, eran depredadores antinaturales, no
devoraban a su presa, sólo buscaban dar unas cuantas mordidas antes de pasar
con el siguiente, era como si sólo estuvieran interesados en morder lo que se
moviera, incluso entre ellos mismos se herían, el infierno ya estaba en la
tierra.
El sol estaba en lo alto cuando juan y su hermana lograron
salir a la calle, de alguna manera inexplicable habían logrado sobrevivir, el
99% de las personas que estaban en las estaciones y en los trenes murió, el
otro 1% por uno u otro motivo había logrado sobrevivir por lo menos a eso, así
eran juan y su hermana, un simple error estadístico, la excepción de la regla.
Habían corrido ya cerca de 2 horas sin dirección alguna, y
es que no había lugar hacia donde correr, por todos lados había pasado lo
mismo, la muerte los perseguía y parecía que no iba a descansar hasta haberlos
alcanzado. El terror fluía por sus venas haciendo que sus músculos dieran el
200%, necesitaban encontrar un mejor posición a la que tenían. Fue después de
un par de calles que pudieron ver la ladera de un cerro que parecía despejado.
Puede que Juan fuera un idiota, pero hasta él supo identificar la oportunidad
que tenía frente a él, tomaron un segundo para respirar dentro de una accesoria
abierta donde el fuego había devastado todo, el aliento les faltaban y los músculos
adoloridos no soportaban más. “Solo un poco más y la voy a librar” se repetía mentalmente Juan, mientras su
hermana seguía en shock, no podía creer lo que estaba pasando, no podía creer
lo que le habían hecho a su madre, solo atinaba a poner su mirada fija a un
punto indefinido y a repetir en voz muy baja pero presionada por la falta de oxígeno,
“se la comían, viste como se la comían, se la comían y a nosotros también nos
van a comer”.
Caminaban tan rápida y silenciosamente como les era posible,
a cada cuadra pegaban su espalda a la pared y revisaban que nadie, o más bien
nada, estuviera esperándolos, así que no tardaron mucho en llegar al pie del
cerro y empezar a subir, por ese lado aun había una calle que subía un par de
metros antes de llegar a terreno plano terminado con una barda, al otro lado,
su meta.
Unos metros más, todo iba perfecto, llegando a la barda ya
sabrían que hacer para cruzarla, solo había que llegar ahí. La pared se
levantaba 3 metros sobre ellos, tal vez si él la cargaba podía llegar hasta
arriba y ahí encontraría la manera de subirlo a él, parecía simple, con un poco
de suerte todo saldría bien, lástima que esa suerte era justo lo que les
faltaba. Horas antes una mujer subía aterrada las escaleras de su casa, su
marido la perseguía tratando de morderla, llegaron a la habitación principal y
sin tener un lugar más a donde ir, el empujón de él fue tan fuerte que atinaron
a salir los 2 disparados por la ventana arrojando pedazos de vidrio que daban
hasta la calle. Un par de horas después Juan y su hermana caminaban lo más
sigiloso que les era posible para poder llegar a la barda, estaban tan atraídos
por ella que nunca se dieron cuenta donde pisaban, fue cuando él pisó un vidrio
roto provocando un sonido agudo que fue fácil de escuchar por toda la calle y por
todos los zombies de los primeros metros de esa calle. Así fue como antes de
que se dieran cuenta ya estaban acorralados por ellos, al principio eran 6,
pero no tardó mucho antes de que fueran 15, los habían rodeado por completo y
no parecía haber escape posible, la desesperación de Juan se le notaba en los
ojos mientras los de su hermana se inundaban en lágrimas. Él la abrazo tan
fuerte como pudo, “todo va a estar bien” dijo, justo después de eso… la empujó
con todas sus fuerzas contra ellos.
Ella dio un giro antes de estrellarse de frente contra un
tipo de unos 30 años, Juan supo que solo tenía una oportunidad, corrió tan
rápido como pudo en la misma dirección en la que había arrojado a su hermana, y
poniendo el hombro hacia el frente empujó tan fuerte como le fue posible, por
un momento pudo escuchar y sentir un crujir de huesos, era la espalda de ella
partiéndose por la mitad, con su cuerpo había creado un escudo humano que le
dio la ventana para poder salir de ahí. Siguió corriendo sin mirar atrás
mientras su hermana era devorada aun con vida, “uno vivo es mejor que ninguno” repetía
para sus adentros.
Un par de cuadras más adelante girando la esquina encontró
una simple pared de malla que no le fue difícil brincar, lo difícil fue empezar
a subir, la pendiente era demasiado inclinada y el cansancio lo había minado
por completo, tardo más de 2 horas en poder llegar a un punto más o menos plano
en donde descansar, ni si quiera se había podido acomodar a la sombra de un
árbol seco cuando oyó pisadas lentas que se dirigían hacia él, se trataba de un
tipo de mas o menos su edad, en la ropa llevaba manchas de sangre seca y la
mirada perdida, era obviamente un zombie, debía matarlo tan rápido como le
fuera posible antes de que sus amigos se le unieran, esperó un momento a que el
otro se distrajera para intentar taclearlo, ya abajo le rompería la cabeza con
una piedra o a base de puñetazos, pero apenas empezó a correr, el sujeto se
percató de su presencia y en lugar de atacarlo, comenzó a correr en dirección
opuesta haciendo círculos, la curiosidad hizo que Juan corriera más rápido y lo
alcanzara, cuando lo vio solo encontró una manera de saber si estaba o no
infectado: ¿Cómo te llamas? Preguntó.
Estando cansado lo hacía caminar, “¿quién se cree el pendejo
este?” pensaba para sus adentros mientras no dejaba de escuchar irritado lo que
su compañero tenía que decir, lo que le irritaba aún más era que a él también
le preguntara cosas. Poco a poco tuvo que tratar de explicar cómo es que había
llegado ahí, aunque casi todo eran mentiras, hasta dijo que les había aventado
un perro para sobrevivir, por un momento recordó a su hermana y siguió
caminando.
El resto del camino ya fue explicado, intentaron llegar a la
casa de Juan, de la que por cierto también había mentido al decir que era de
sus tías.
Caminaban sobre la banqueta de una calle que media cerca de
unos 600 metros, estaban a punto de llegar a casa, más bien, él estaba a punto,
una vez dentro de la casa mataría a su acompañante, no sabía cuánto tiempo iba
a durar la comida de la despensa y alimentar 2 bocas era demasiado esfuerzo,
mejor matarlo e incluso podría usar su carne para alimentar a los zombies y que así lo dejaran en paz. Unos
cuantos metros más y listo. fue cuando algo lo hizo voltear, algo en el suelo,
una vibración, volteó hacia la entrada de la calle y lo vio: tenia forma más o
menos humana, aunque no era un hombre, se trataba de una sombra de unos 3 o 4
metros de alto, el grueso cuerpo se encorvaba en sí mismo haciéndolo caminar
jorobado, los planes habían cambiado, era hora de salir de ahí, pero primero debía
deshacerse del lastre que traía a su lado desde la tarde, estaba distraído así
que eso lo haría más fácil. Un puñetazo bien colocado debajo de la costilla fue
suficiente para dejarlo tirado, había servido a su hermana en bandeja de plata,
hacer lo mismo con un desconocido no le provocaba conflicto, ya empezaba a correr
en dirección a la que se dirigían, y entonces la vio.
Era ella, su novia, parada frente a él, por un momento se le
olvido el mundo, tenía a alguien con él y eso era lo único que importaba, un
beso, solo un beso y también la dejaría morir a su suerte.
Lo que no sabía, es que ella ya estaba muerta. Un par de
horas antes su hermano menor le había encajado sus pequeños dientes en el
tobillo convirtiéndola poco tiempo después, se quedó ahí, esperando.
Un beso y eso sería todo, pero los planes del destino eran
muy diferentes, se acercaron lentamente, sus labios casi rozaban, solo un beso.
Ella abrió la boca dejando asomar un aroma agrio y penetrante, sujeto con sus
dientes el labio inferior de Juan hasta arrancárselo, ni siquiera lo dejó
moverse cuando sus dedos se clavaron en su miembro haciéndolo sangrar
enseguida, de su boca ensangrentada surgió un chillido similar al que hacen los
puercos cuando los están matando, en el suelo comenzaba a formarse un charco de
sangre, orina y mierda. Quedo tirado siendo un montón de carne ensangrentada
que apenas y podía moverse, y eso hizo al levantarse unos minutos después.
Juan murió una noche junto con millones de personas, murió
descubriendo algo increíble. El labio inferior mordido, la mano en la parte
baja del vientre, además ella no se había ido como los otros, solo había una explicación:
algunos zombies son capaces de retener un poco de memoria aun después de
convertidos.
El zombie de Juan murió aproximadamente 10 minutos después,
sus heridas no alcanzaron a cerrar antes de que muriera por la hemorragia.
DIARIO DEL SOBREVIVIENTE: TEMPORADA 2: NUEVOS AMIGOS…
ENERO 2014
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